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Meditemos los siete Dolores de la Virgen María

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Hoy, viernes de Dolores, la Iglesia recuerda los siete dolores que padeció la Virgen María. Es una devoción popular que se remonta a la Edad Media. Tiene dos fases: durante la crianza del niño Jesús y luego su sentencia de muerte. María, mujer de fe, era humana, y sintió inseguridad, vivió momentos de temor, y derramó lágrimas en algún rincón de su casa.

Los sufrimientos de la Madre de Dios no pueden ser comprendidos sino sólo desde la fe. El objeto de la devoción a Nuestra Señora de los Dolores consiste en aquellas almas que deseen ­deshacerse de hábitos pecaminosos.

El primer dolor, es la profecía de Simeón. Allí a María se le revela que la misión salvadora de Jesús será aceptada por algunos y rechazadas por otros. Y que su vida terminará con una Dolorosa Pasión y Muerte. Una espada de dolor atravesaría su alma, por los sufrimientos de Jesús. Cuantas madres sufren cuando sus hijos son rechazados, no por acciones positivas, sino más bien por acciones negativas. Ellas lamentan ver a sus hijos sumergidos en las drogas, o dedicados a robar y estafar a los demás.

El segundo dolor es, la huida de Jesús a Egipto. El rey Herodes está enojado por el nacimiento de niño Jesús, junto a sus hombres inician un plan para matar al recién nacido. Hoy la Virgen llora cuando una mujer embarazada, tiene en su mente abortar la criatura que lleva en su vientre.

El tercer dolor es el niño perdido en el templo. María tiene tres días buscando a su adorado hijo, se angustia, derrama lágrimas, piensa lo peor. Hoy también muchas madres lloran cuando sus hijos no comunican a donde van, cuando sin necesidad llegan tarde de la calle, cuando desobedecen a sus padres.

El cuarto dolor es, el encuentro de Jesús y María camino al Calvario. Jesús sufre lo indecible para levantarnos a nosotros del pecado, el cargó con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte. Tú como hijo (a) no permitas que tu madre siga derramando lágrimas por la vida oscura que llevas. El quinto dolor es, la crucifixión y agonía de Jesús. Es realmente terrible ver a su propio Hijo morir, el dolor que sintió al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizar en la cruz redentora. Evitemos ser crueles con la madre que nos parió, al contrario, siempre hemos de ser solidarios y atentos.

El sexto dolor es, la lanzada y recibir en sus brazos el cuerpo de Jesús. María sufre al ver la lanzada que le propinaron al corazón de Jesús, es como si esa lanza fuera lanzada a su propio corazón. El gran amor de Jesús lo llevó a amar no solo a su Madre, sino también a cada uno de nosotros. Él nos amó primero, nos amó enseguida y con alegría, devolvamos este gesto amando a Jesús en los hermanos.

El séptimo dolor es, el entierro de Jesús y su soledad. El Mesías, el Salvador del mundo, era enterrado; llevó su humillación hasta el último momento. Fue una muerte injusta. Hoy encontramos a muchos acusados, calumniados y encarcelados injustamente.

Felipe de Jesus.