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Tiempos de esperanza y responsabilidad

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La Conferencia del Episcopado Dominicano, nos ha emitido un mensaje con motivo de la celebración del 180 aniversario de nuestra Independencia Nacional. El título dice así: “Tiempos de esperanza y responsabilidad”. La esperanza es una virtud teologal, pues el cristiano no gira su vida hacia el pesimismo, sino que por su fe en Dios aguarda la ilusión de un mañana mejor. La responsabilidad, es dar cumplimiento a las obligaciones y ser cuidadoso al tomar decisiones. Es también la persona que cumple con su deber.  El mensaje tiene 33 numerales, una breve introducción y dos capítulos. A continuación, les presento, una síntesis a mis amables lectores.

El primer capítulo aborda el contexto nacional: elecciones, Junta Central Electoral y candidatos, y sobre este particular nos dice que, en el transcurso de este proceso, las próximas elecciones juegan un papel trascendental en nuestro devenir democrático y deben ser valoradas y apoyadas por todos, pues de ellas saldrán las autoridades que habrán de regir la nación por los próximos cuatro años.

Es natural que surjan diferencias sobre las mejores opciones de liderazgo y sus programas, pero la descalificación constante y sistemática de opiniones distintas solo genera división, destrucción, y “ningún reino dividido puede prevalecer” (Marcos 3, 24-26).  Citando un documento anterior nuestros obispos afirman: Una gran parte de nuestros ciudadanos que viven en situación de marginación son a menudo considerados por algunos líderes políticos solo como medios para alcanzar y mantener el poder.

Es fundamental que quienes aspiren a un puesto electivo reconozcan la dignidad de cada persona como sujeto de derechos inviolables. No podemos tolerar la corrupción, como se manifiesta en la compra y venta de cédulas, una práctica deleznable que evade responsabilidades y permanece impune.

La Junta Central Electoral merece nuestro respaldo y el apoyo de todos los dominicanos. Confiamos que su esfuerzo por asegurar un proceso electoral transparente.

En cuanto a los candidatos creemos que todos los candidatos deben evitar las campañas sucias, basadas en la intriga y la calumnia. El uso excesivo de publicidad pudiera reflejar debilidad y desesperación de los aspirantes a cargos públicos que buscan ganar atención más por ruido que por méritos propios o la calidad de sus programas.

Los elegidos deben estar consciente que están para servir. Las enseñanzas de Jesús de Nazaret, quien vino no a ser servido, sino a servir (Mateo 20, 28), son relevantes para todos los líderes actuales y futuros. Como señala el Papa Francisco, no necesitamos un proyecto exclusivo para unos pocos, sino un pacto social y cultural inclusivo.

Es esencial crear condiciones que permitan a la mayoría desarrollar sus capacidades y alcanzar sus aspiraciones de felicidad.

El segundo capítulo trata de los retos importantes para las próximas autoridades, señala como elemento esencial fortalecer la familia, como fuente de valores, convivencia ciudadana, cultura y fe. Facilitarles el acceso a viviendas dignas con servicios básicos como: agua, electricidad, salud, educación y transporte es fundamental para fortalecer la vida familiar dominicana.

Al tratar el tema de la familia, los obispos reafirman su postura sobre la sacralidad de cada vida humana. “El respeto a la vida implica reconocer que un ser humano es sagrado e inviolable en todas las situaciones y etapas de su desarrollo”.

La delincuencia e inseguridad ciudadana, es un reflejo de la frágil situación de la familia. Un alto porcentaje de los hogares dominicanos están liderados por mujeres jóvenes, solas y pobres, enfrentando desafíos críticos como alimentación, vivienda, seguridad y salud.

La educación, incluyendo la formación técnica y profesional es, junto con la familia, un factor clave para mejorar la calidad de vida.  Los padres son los primeros responsables de la educación de sus hijos.

Nuestro país tiene el índice más alto de accidentes fatales en calles y carreteras. Es crucial integrar en el proceso la educación vial, y, aplicar y hacer cumplir las normas de tráfico, y sancionar las infracciones.

Cuidar el Medio Ambiente, a saber: la gestión y manejo adecuado de residuos en ciudades para prevenir obstrucciones en drenajes y las consecuentes inundaciones, promoviendo el reciclaje y la educación ciudadana. Evitar la extracción excesiva de materiales de ríos.  No malgastar este preciado líquido. Emprender una intensa campaña de reforestación de nuestras cuencas hidrográficas.

Les preocupa a nuestros pastores la emigración de jóvenes talentosos y la proliferación de bancas de apuestas.  Fomentemos la economía solidaria, el cooperativismo.

Las palabras de Juan Pablo Duarte nunca han sido más pertinentes: “Al mundo mostremos que somos hermanos”. Que María de la Altagracia, atenta a las necesidades, nos ayude a discernir nuestras carencias.

Felipe de Jesus Colon