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La oración, carta pastoral de nuestros obispos

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Como cada año y en ocasión de la solemnidad de Nuestra Señora de la Altagracia, Reina y Protectora del pueblo dominicano, nuestros obispos nos presentan su Carta Pastoral, la cual tiene una intención predominantemente espiritual y pastoral. Para entender el verdadero sentido y significado de la oración, los obispos lo desa­rrollan desde tres aspectos fundamentales: bíblico, teológico- pastoral y eclesial, esparcido en 43 números. El tema de la oración guarda consonancia con “Año de la Oración”, que el papa Francisco ha convocado a la Iglesia Universal para el Jubileo del año 2025, y, además el Plan de Pastoral de este año 2024, nos ha invitado a profundizar y cultivar la oración.  Les presento a mis ama­bles lectores una síntesis de esta emotiva Carta Pastoral.

La Biblia es el libro de los cristianos, es la fuente donde el hombre entra en diálogo con el Señor, precisamente en su Palabra donde Dios se da a conocer con sus palabras y con sus obras.

De ahí que la oración debe de estar siempre iluminada con la Biblia, por medio de la cual, podemos descubrir lo que Dios nos comunica en cada momento. El Espíritu Santo que es el que guía nuestra vida y es el autor principal de las Sagradas Escri­turas nos va revelando en cada circunstancia de la vida lo que conviene pedir: “Nosotros no sabemos orar como conviene, pero el Espíritu Santo intercede por nosotros con gemidos ine­narrables” (Rom 8,26). Jesús es el maestro de la oración. El Hijo de Dios sacaba tiempo para orar, consciente de los frutos que genera elevar la mirada al Padre.

Jesús oraba en las sinagogas, en el desierto, en el monte. Prefería orar en soledad, aunque a veces se hacía acompañar de sus más íntimos amigos (Lc 9,28) y casi siempre en lugares secretos (Mt 6,6). Oraba de rodillas (Lc 22,41), tirado de bruces en el suelo (Mt 26,39), con los ojos levantados al cielo. Oraba por sí mismo (Mt 26,39), por sus discípulos (Jn 17,6-19), especialmente por Pedro (Lc 22,32), por sus verdugos (Mt 22,46), en la oración se transformaba (Lc 9,29). Una de las características de su oración es que la comienza con la palabra Padre.  Como buen maestro enseñó a sus discípulos cómo debían orar, enseñándoles el Padre nues­tro (Lc 11,2- 4; Mt 6,9-13). Esta es la oración por excelencia, y la referencia de todas las demás oraciones.

En la dimensión teológico- pastoral de la oración, nuestros obispos partiendo del Magisterio de la Iglesia nos definen que la oración es la elevación del alma a Dios o la petición de los bienes convenientes. “Hablar de amor, con quien sabemos que nos ama” (Santa Teresa). La oración es ­esencial para vivir en armonía con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. “Es estar en presencia continua y constante ante Dios, en su santo temor” (Benedicto XVI).  Finalmente es preciso aprender a orar. La Iglesia, como Madre y Maestra, conti­nuadora de la obra de Cristo, nos enseña a orar. La comunidad eclesial ha de aprender a orar con La Biblia, cuando celebra los sacramentos, especialmente en la eucaristía. Aprovechemos las diferentes formas de orar para crecer en la vida espiritual, a saber: oración de bendición, de adoración, de petición, de intercesión, de acción de gracias, de alabanza. Oremos por la paz del mundo, por la familia y por la comunidad

Felipe de Js. Colón