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La biblia: Una brújula que nos guía

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Hoy el mundo comercial ofrece muchos caminos para darle la felicidad al ser humano. Los profesionales en mercadotecnia hacen todo lo imposible para captar la atención de sus clientes. Ellos venden una imagen de felicidad a través de productos superficiales, efímeros y de poca calidad, que en poco tiempo son remplazados por otros. Es decir, la preocupación de estas ofertas en el fondo no está en proporcionar felicidad, sino bienestar, comodidad, y estas cosas desparecen con el tiempo, dejando muchas veces vacíos y tristezas en el corazón de las personas.

En la época en la que vivimos todavía se piensa que el interior de cada individuo se llena con cosas materiales, con lujos y con fama. Se cree que Dios ha pasado de moda. Que su existencia ya no tiene validez en el siglo en que estamos viviendo. Incluso, muchos hasta dicen que Dios es un estorbo, un obstáculo para la “libertad humana”. Esta última expresión se escucha porque en la actualidad vivir sin límite es el norte de quienes no reconocen a Dios como origen de todo lo creado. De esas personas que viven para sí mismos y no le importa la personalidad de los demás.

Sin embargo, la verdadera felicidad no está cimentada en las cosas pasajeras. Pues, solo Dios puede llenar el corazón del hombre. Nada humano puedo satisfacer el anhelo y los deseos que guarda toda persona. Únicamente la Palabra de Dios puede saciar la sed que posee en lo más profundo de su ser la criatura humana. Porque Él conoce plenamente lo que formaron sus manos. Sabe cómo lograr que cada ser humano se sienta realizado en sus búsquedas incesantes.

Por eso, la Biblia es la brújula que guía al hombre que se deja conducir por la fuerza divina. Es el alimento que le proporciona las energías necesarias para tener ánimo y valor ante las dificultades cotidianas que nos presenta la misma existencia. Esta es la razón por la que Dios, con su sabiduría, ha dejado su Palabra como el signo más visible de su salvación. Es por medio de la Biblia que se le encuentra respuesta a todas las preguntas que los años y la circunstancia suscitan en todo ciudadano de este mundo. Por tanto, la Biblia no está para adornar la casa, sino para leerla, meditarla y seguir las instrucciones que en ella se encuentran.

Hay que construir la vida junto a Dios, muy cerca de la Sagrada Escritura y dejarse llenar de los dones y frutos que tiene para todo el que tiene fe y confianza en su providencia. De aquí que debe ser aprovechada al máximo cada letra que fue escrita por inspiración del Espíritu Santo. Por consiguiente, permitir que la sabiduría que viene de lo alto instruya los senderos de los hombres de buena voluntad es hacer de la Biblia el fundamento y la razón última que le hace decir al ser humano que con Dios se obtiene todo, y lejos de su protección no se consigue nada.

Luis Alberto De León Alcántara