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Monseñor Munilla ya es obispo de Orihuela-Alicante: todo lo que queremos decir hoy al mundo se resume en la palabra «Jesús»

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Ayer sábado Monseñor José Ignacio Munilla tomó posesión de la Diócesis de Orihuela-Alicante de manos del Nuncio Apostólico Bernardito Auza. Cumpliendo con la tradición, lo hizo accediendo a la ciudad a lomos de una mula y fue recibido por las calles y posteriormente en la Catedral por numerosas autoridades y fieles con grandes muestras de cariño.

“¿Quién va?”, preguntaba el alcalde tras tocar del otro lado la Puerta de Callosa. –“El obispo, que entra en Orihuela”, respondía el pertiguero.

Tras abrirse la puerta de doble hoja, el que minutos después tomaría posesión como nuevo obispo de la diócesis Orihuela Alicante, monseñor José Ignacio Munilla, la cruzó al lomo de “Bartola”, una mula blanca. Así lo marca la tradición desde la primera vez que se hizo el 23 de marzo de 1566. Esta tradición de acceder a la ciudad en una mula blanca, salvo en Sigüenza, es la única donde se mantiene en toda España.

Ayer sábado, durante todo el recorrido, cientos de personas de todas las edades llenaban las aceras y no dejaron dejado de aclamarle con vítores, mensajes de bienvenida, cánticos y vivas a su nombre. A la ermita de San Antón, desde donde partió arriba de la mula, llegó poco antes de las cuatro de la tarde, tras visitar por la mañana Cox y después Callosa de Segura y Redován.

Tras atravesarla, se apeó de la mula, y le recibió el alcalde de Orihuela, Emilio Bascuñana, para darle la bienvenida. Le acompañaba el alcalde de Alicante, Luis Barcala, y los ediles del PP y Vox. Por Cs solo ha acudido su portavoz. El resto de sus ediles, así como los del PSOE y Cambiemos, no asistieron para mostrar su rechazo al nuevo obispo. En cambio sí estaban presente anteriores alcaldes del PP, como Mónica Lorente y José Manuel Medina. Tras las presentaciones formó un cortejo para acompañarle hasta la catedral a pie. Además de las autoridades y de la banda de música, le acompañaban los cabildos de la Catedral de Orihuela y la Concatedral de Alicante.

Es la primera vez que se establecía un despliegue policial como el que había durante todo el recorrido. Además de los agentes a caballo que custodiaban al obispo entrante a su paso, también habían desplegados agentes de la Policía Nacional a pie. A las 17.30 h llegó a la Catedral al son del repicar de las campanas y el estallido de los cohetes y rodeado de vítores y aclamaciones. Desde lo alto del claustro decenas de sacerdotes lo saludaban. Abajo, en la acera, tres y cuatro filas se agolpaban para trasladarle muestras de cariño.

Ceremonia en la Catedral.

Dentro, en una catedral abarrotada y solo permitido el acceso con una invitación expresa, el Nuncio Apostólico en España, Bernardito Auza presentaba a la diócesis al que poco después se iba a convertir en su nuevo obispo. En las dos plazas que rodean a la catedral, 350 personas seguían por pantallas gigantes la misa. Monseñor Munilla hacía entrada en la Catedral junto con el Colegio de Consultores, y el Nuncio Apostólico en España, Bernardito Auza. A las 18.10 h, tras el saludo inicial, el Nuncio ha presentado a la Diócesis al nuevo obispo dando paso a la lectura a las Letras Apostólicas de nombramiento de D. José Ignacio Munilla como obispo de Orihuela-Alicante. Monseñor Auza invitó al obispo electo a que, con mitra y báculo, ocupara su Cátedra. Un momento muy emotivo que ha arrancado un largo aplauso por parte de los asistentes.

En sus primeras palabras como obispo hizo distintas menciones a cómo reflejar en el día a día la fe cristiana. Entre líneas dejaba un mensaje para quien le había criticado por su diferentes posicionamientos que han generado polémica. “En la actualidad se pretende imponer el pensamiento único de lo que se considera políticamente correcto. La Iglesia es un espacio de encuentro y diálogo” señalaba.

Mons. Munilla estuvo acompañado por numerosas autoridades civiles y militares de la zona así como de una treintena de obispos entre los que ha destacado la presencia del portavoz de la Conferencia Episcopal Española, D. Luis Argüello, el cardenal y arzobispo de Valencia, D. Antonio Cañizares, el emérito de Ávila y obispo auxiliar de la Diócesis de Orihuela-Alicante de 1998 a 2003, D. Jesús García Burillo, el oriolano y obispo emérito de Canarias, D. Francisco Cases, los eméritos de Orihuela-Alicante, D. Victorio Oliver y D. Jesús Murgui, o el ilicitano y obispo electo de Solsona, D. Francisco Conesa, entre otros procedentes de otras Diócesis como Cartagena, Albacete, Segorbe-Castellón, Bilbao, Ciudad Real, Cuenca, Guadix, Oviedo, Zaragoza, Huelva, Burgos, Almería, Vitoria o Toledo.

Homilía en su primera Misa en la diócesis

En su homilía, tras agradecer vivamente la presencia de los cardenales, arzobispos y obispos, asi como de las autoridades civiles y militares, estas fueron sus palabras:

«Tengo que comenzar diciendo que estoy admirado, impactado y conmovido, al ver la acogida que esta Diócesis ofrece al pastor que llega en nombre de Cristo. Y soy muy consciente de esto último, que esta acogida se la hacéis a Cristo, a quien represento ante vosotros.

El cariño, la ilusión y el sentido de fe con el que habéis preparado y estáis/estamos viviendo este acto eclesial, es una expresión patente de que las raíces religiosas de nuestra fe están más vivas de lo que pudiera parecer a simple vista. La llegada de Jesucristo al mundo hace dos mil años ha sido a lo largo de estos dos milenios, y sigue siendo a día de hoy, la gran novedad que llena de esperanza el devenir de nuestra historia. Todo cuanto queremos decir hoy al mundo se resume en una palabra que es un nombre propio: ¡JESÚS, JESÚS, JESÚS!

Por ello, recordando la palabra evangélica “Si estos callasen gritarían las piedras” (Lc 19, 40), comienzo esta homilía pidiéndoos que compartáis conmigo estos tres gritos de fe: ¡Viva Jesús!, ¡Viva la Madre de Dios!, ¡Faz Divina!…

Con estas tres jaculatorias que hemos elevado al cielo, bien podría dar por concluido esta homilía, ya que es imposible que diga nada que pueda mejorar el grito de gozo y gratitud por el misterio del amor de Dios al mundo. Aun así, voy a compartiros unas reflexiones a modo de programa de vida para todos nosotros. Lo hago comentando un mensaje que envié a redes sociales recientemente, en el que se expresaba la siguiente triada: “Baila como si nadie te estuviese mirando. Ama como si nunca te hubiesen herido. Trabaja como si no necesitases dinero.”

1º.- “Baila como si nadie te estuviese mirando”:

¿Quién es mi público, quién es tu público? ¿Ante quién nos levantamos por las mañanas y nos esforzamos en el día a día? ¿A quién esperamos agradar y de quién confiamos obtener la aprobación de cuanto hacemos? ¿Acaso nos condiciona sobre manera que hablen bien o mal de nosotros? ¿Aspiramos a obtener el reconocimiento de este mundo? ¿Bailamos o dejamos de hacerlo, tal vez, dependiendo de quién nos mire o nos deje de mirar en cada momento?

Por ello, me atrevo a proponeros este ideal, y le pido a Dios la gracia de vivirlo yo mismo: ¡Baila como si nadie te estuviese mirando! En realidad, lo único importante es la mirada de Dios… ¡Las cosas son lo que son para Dios, y nada más!

En última instancia, actuar en conciencia es lo mismo que vivir en presencia de Dios, ya que nuestra conciencia no es otra cosa que la mirada latente de Dios en nuestra vida…

Bien podríamos hacer nuestra la conocida expresión del poeta Juan Ramón Jiménez, el autor de “Platero y yo”: “Ni el elogio me conmueve ni la censura me inquieta. Soy como soy. Nada me añade el aplauso y nada me quita el insulto”.

Pues bien, la experiencia nos demuestra que solo viviendo en presencia de Dios se puede actuar en conciencia. De lo contrario, la vanidad acaba siendo el motor de nuestra vida, o los miedos y temores al fracaso nos terminan por paralizar, o incluso nuestra propia autoestima se resiente gravemente, hasta el punto de hacernos entrar en profundas crisis de identidad.

Decía Santa Teresa de Calcuta aquello de: “Yo solo soy un lápiz con el que Dios escribe una carta de amor al mundo”. Esta gran verdad, solo puede decirla quien vive en la presencia de Dios.

2º.- Ama como si nunca te hubiesen herido:

Nuestra cultura arrastra muchas heridas, provocadas por habernos fallado profundamente los unos a los otros, y también por motivo de que nuestra fragilidad interior nos hace muy vulnerables a las faltas de delicadeza y de caridad de cuantos nos rodean…

Pero el Evangelio nos aporta una gran noticia: El corazón no es de quien lo rompe, sino que el corazón es de quien lo repara. Por lo tanto, nuestro corazón tiene dueño, y es el Corazón de Jesús.

Y por ello, nosotros no podemos quedar atrapados por las heridas del pasado, o por tantos episodios desgraciados que hayan sembrado la decepción y la desconfianza en nuestros corazones. No podemos actuar desde un amor propio herido. Estamos llamados a empezar de nuevo. El amor y la esperanza cristianas son capaces de reiniciarlo todo desde cero, sin permitir que las heridas del pasado nos descarrilen en el momento presente; más aún, abriendo nuestro corazón para dar una oportunidad a la sanación.

Amar a fondo perdido no es de tontos, sino que es de sabios. Jesús nos dijo aquello de: “no devolváis mal con mal, al contrario, venced el mal a fuerza de bien” y “amad a vuestros enemigos”, y ha llegado el momento de ponerlo en obra…

Soy consciente de que esto no será fácil, ya que vivimos en una cultura crispada… ¡Baste asomarse a Twitter! Hay poco espacio para el diálogo y para el encuentro de diferentes. A quien no piensa como nosotros hay que silenciarlo… Es la cultura de la cancelación que, por cierto, el Papa Francisco ha puesto al descubierto en su discurso de inicio de año ante el cuerpo diplomático internacional acreditado en la Santa Sede.

Por poner un ejemplo, recuerdo que en mi juventud solíamos repetir una máxima que por aquel entonces se consideraba revolucionaria: “Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. O, dicho de otra forma, aunque yo no piense como tú, daría mi vida para que tú pudieses disfrutar de libertad de expresión…

A la vista está que aquel ideal quedó en el olvido, ya que en la actualidad se pretende imponer el pensamiento único de lo que se considera políticamente correcto… Y, por ello, pienso que estamos ante una oportunidad histórica única para mostrar ante el mundo que la Iglesia es un espacio de encuentro y diálogo en el que todo el mundo tiene cabida, tal y como estamos subrayando en la fase diocesana del Sínodo sobre la sinodalidad, sin que ello suponga ceder al relativismo; sino haciendo del encuentro entre diferentes un seudo ‘sacramento’ para la expresión del mandamiento cristiano del amor al prójimo.

¡Este es nuestro ideal!: Amar a todas las personas incondicionalmente, al mismo tiempo que creemos y predicamos la verdad revelada por Cristo.

3º.- Trabaja como si no necesitases dinero:

La tarea de la Iglesia se encuadra más en la categoría de la vocación que en la de la profesión…  (Y dicho lo anterior, tengo que matizar diciendo que todas las profesiones están llamadas a vivirse de forma vocacional). Pero una prueba inequívoca de que la evangelización es una vocación que está muy por encima de los parámetros socio económicos, es la invitación de Jesús a que llevemos a cabo nuestra labor en la pobreza evangélica.

Los medios materiales serán necesarios solamente en la medida en que nos ayuden a visualizar los valores del Reino de Dios. Estamos llamados a presentarnos ante el mundo, no apoyados en los medios humanos, sino en la fuerza del Espíritu Santo. No en vano la primera de las bienaventuranzas subraya la pobreza evangélica (“Bienaventurados los pobres de espíritu”), y es clave para poder vivir el primero y principal de todos los mandamientos (“Amad a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”).

La pobreza evangélica no se refiere solamente al dinero –que también— sino a todo apego que nos impida tener un corazón desprendido para poder amar a Dios. Por ejemplo, es clave que vivamos la pobreza de ambiciones y de honores humanos.

La tarea de la evangelización requiere de nosotros que compitamos por ocupar el último puesto… De pelearnos –si tuviésemos que ‘pelearnos’ por algo—, lo haremos por ocupar el último puesto. Competiremos por coger la escoba y por servir a los más humildes. Cuando los pobres, los enfermos, los ancianos, los presos, los solitarios, los depresivos…llegan a cambiar nuestros horarios, planes, previsiones, el estado de nuestra cuenta corriente, entonces habrá entrado Jesús en nuestra vida. Dios nos libre de los criterios mundanos que hacen infecunda la tarea de la evangelización.

Termino como he comenzado: ¡JESÚS, JESÚS, JESÚS! Podéis olvidar todo lo que he dicho en esta homilía, menos la invocación del nombre de Jesús, que es el único que puede salvarnos (cfr. Hch 4, 12).

Encomiendo este ministerio que se me ha confiado al cuidado maternal de la Virgen María y al cuidado paternal de San José, al tiempo que pido la intercesión de San Ignacio de Loyola y de San Vicente Ferrer.

¡Gracias de todo corazón! Cor unum et anima una!

(Catedral de Orihuela, 12 de febrero de 2022)