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78 nuevos sacerdotes y 250 religiosas, las vocaciones brillan en las tinieblas de estos tiempos

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Sin las imponentes multitudes, sin los festejos organizados en el pasado, los nuevos sacerdotes y religiosos han vivido su ordenación en profunda intimidad con Dios, conscientes de su importante ministerio.

Durante el verano de 2021, han sido ordenados 78 nuevos sacerdotes y unos 250 religiosos y religiosas han emitido sus votos perpetuos: estas vocaciones son una buena noticia y un signo de esperanza para la Iglesia en Vietnam, en medio de un momento difícil para la nación, marcado por la cuarta ola de Covid-19. En los territorios diocesanos afectados por el virus, clasificados como «zonas verdes», las comunidades locales han podido celebrar misas solemnes, con sencillez y a menudo al aire libre. En el sur de Vietnam, donde los contagios por la variante Delta del Coronavirus está más extendida (las llamadas «zonas rojas»), se han pospuesto por ahora las liturgias de ordenación sacerdotal y profesión religiosa. Los que se han celebrado en las zonas permitidas se han llevado a cabo según estrictos protocolos de precaución contra el Covid, en el interior de seminarios o conventos con la sola presencia de los candidatos y sin un gran número de fieles.

Sin las imponentes multitudes, sin los festejos organizados en el pasado, los nuevos sacerdotes y religiosos han vivido su ordenación en profunda intimidad con Dios, conscientes de su importante ministerio.

Según relata la Agencia Fides en una carta enviada a los sacerdotes que van a ser ordenados el 25 de agosto de 2021, Mons. Joseph Nguyen Nang, arzobispo de Ho Chi Minh, que también es administrador de la diócesis de Phat Diem en Vietnam del Norte, subraya: «La misa de ordenación presbiteral se ha celebrado con un número limitado de participantes, incluso sin la presencia de los familiares de los candidatos. Los nuevos sacerdotes o religiosos han profesado sus votos, en este ambiente de recogimiento, pudiéndose concentrar absolutamente en lo esencial, totalmente volcados hacia Dios, experimentando intensamente el don de su gracia en el Sacramento».

Vu Hien, una hermana de la Orden de las Dominicas que acaba de emitir sus votos en la diócesis de Bac Ninh, en el norte de Vietnam, explica: «Estaba bien preparada para la mayor exaltación de mi vida religiosa, y la celebración de este año ha sido especial. Con la gracia de Dios, entrego toda mi vida en las manos amorosas de Dios y sigo rezando en silencio, sean cuales sean las circunstancias».

Una hermana de la Congregación de las Hijas de Jesús de la diócesis de Quy Nhon, que abarca tres provincias del centro de Vietnam, también comenta: «Damos gracias a Dios: en medio de la precariedad y la inestabilidad causadas por la pandemia, Dios nos ama y nos mantiene a salvo. Dios nos abraza, está presente en la atmósfera de silencio y oración que nos permite reunirnos para rezar».

En el centro de Vietnam, al comienzo de la ceremonia de los votos perpetuos profesados por los religiosos de la Congregación del Sacratísimo Corazón (CSC) en Hue, Mons. Nguyen Chi Linh, Arzobispo de Hue, ha dicho: «El religioso que profesa los votos a lo largo de su vida es aquel que da a Dios su amor y está dispuesto a superar dificultades como el camino de la Cruz; es aquel que se inspira en el Crucificado para entrar en una vida más iluminada». Monseñor Linh ha invitado a todos, especialmente a los religiosos, a dar testimonio de la fe en la vida consagrada, ejerciendo concienzudamente los ministerios del amor y la caridad, especialmente en el contexto de esta grave crisis, causada por la pandemia de Covid-19. Este amor que se convierte en servicio al prójimo, ha dicho, «debe estar profundamente arraigado en cada individuo, desarrollado ampliamente en la comunidad social: se realiza íntimamente en comunión con la Trinidad, y llega a todos, sin distinción de religión, cultura, etnia, política o clases sociales, pero viviendo en relaciones de compasión hacia los seres humanos».

El Arzobispo ha añadido: «En un mundo lleno de turbulencias, los títulos académicos ya no son indispensables para los religiosos, mientras que es más importante llevar una vida recta, una vida de fe ejemplar, con pasión por el trabajo misionero y apostólico y la práctica de las obras de caridad». Debido a que, dada la emergencia de la pandemia, millones de familias permanecen en la indigencia, o sufren el hambre debido al desempleo y a las enfermedades, el arzobispo Nguyen Chi Linh concluye: «esperamos que el entusiasmo de los nuevos sacerdotes y religiosos nos ayude a salir al encuentro de los necesitados en las zonas gravemente infectadas para proporcionar asistencia material y espiritual a los pobres, para confortar y fortalecer la fe de los que han sido sacudidos por esta crisis, dando testimonio al mundo de la Buena Nueva».