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Gozos acrostizados a Jesús Maestro

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Jesús Maestro, doce letras componen el título que te hace merecedor del Raboni por excelencia, que siempre enseñaste con los labios y con la vida.

E res el Hijo de José y de María. Si pusiste en práctica la virtud de la escucha, el perdón y la ternura, se debió a aquellos incalculables cuidados y protección que te brindaron tus padres, desde el vientre materno de la Virgen,  hasta el inicio de tu vida pública.

Son muchos los milagros que realizaste en Caná de Galilea, Jerusalén y Cafarnaúm. No rechazabas a nadie. En tu diccionario todo era inclusión, nunca exclusión. Por eso curaste al ciego, al paralítico, a la mujer hemorroísa, resucitaste a Lázaro de la muerte. Indiscutiblemente que pasaste por la tierra haciendo el bien.

Ungido desde siempre y desde la eternidad, Mesías, para servir, predicar la Palabra de Dios y mover el corazón a la conversión. Zaqueo, María de Majadla, son frutos del impacto de tu Palabra, llena de misericordia, de paz, de amor.

Santo, eres el Santo de Dios, tal y como te lo dijo el Apóstol Pedro. Inspira en nosotros el gesto y la palabra oportuna.  Danos un corazón misionero, valiente, audaz, para llegar a las periferias existenciales de la sociedad de hoy.

Maestro, (Raboni), así te dijo María Magdalena, cuando recién salías de la tumba borrascosa. La Apóstol de los apóstoles, salió a tu encuentro, su corazón se llenó de alegría al ver que tú habías vencido la muerte.

Amor, en cada palabra, en cada gesto, en cada obra de caridad, que hiciste en la tierra que te vio nacer.

Entonces, Jesús, ¿Por qué  hay muchos que no te siguen? ¿Por qué huyen de ti, y asoman al peligro que puede derrumbar su matrimonio y su vida?

Siete sacramentos has instituido, para que vivamos la santidad de la vida diaria. Ayúdanos a vivir una vida santa.

Tesoro de gracia y de fortaleza, es el sacramento de la Eucaristía que tu nos ha dejado como legado de tu amor a nosotros. Gracias, Maestro Jesús.

Reino de paz, de justicia y de esperanza. Son los  desafíos que nos aguardan a todos.  Conscientes estamos de tú llamado a sembrar los valores de tu Reino de amor.

Oh Divino Maestro Jesús, enséñanos cada día a buscarte en el pobre, en el que sufre, en el enfermo, en el obrero, en el necesitado.  Convencidos estamos que tú eres Camino, Verdad y Vida. ¡Amén!

 

Pbro. Felipe de Jesús Colón Padilla

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico