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Agradeciendo mi linaje de mujeres

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Cada momento que se presenta dónde podemos agradecer colectivamente por algo o por alguien activa de manera positiva nuestro entorno y sube las vibraciones de nuestro planeta.

Este próximo domingo celebramos en el calendario ordinario de nuestro país el Día de Las Madres. Como he dicho, en otras oportunidades, tengo como filosofía de vida celebrar y agradecer todos los días, sin embargo, me sumo a las celebraciones colectivas y a veces impuestas por la sociedad y la tradición porque sirven para que más personas entren en esa sintonía que sana y muchas veces libera.

Tengo mucho por lo que celebrar y agradecer el Día de Las Madres, mi historia personal está marcada por el matriarcado representado por los cuatro costados.  Las mujeres de mi familia materna y paterna han estado desde el principio de los tiempos construyendo y siendo protagonistas de sus historias de vidas, las cuales influyeron y transmitieron a sus futuras generaciones.

Muchas de ellas, como el caso de mis bisabuelas y abuelas, las cuales tuve el privilegio de conocer y de compartir muy de cerca no tuvieron la oportunidad de estudiar, sin embargo, pudieron desarrollar a plenitud a la mujer sabia e intuitiva que habitaban en ellas y con esa sabiduría e intuición guiar a sus familias.

Plancharon, hicieron dulces, helados, jugos para vender, confeccionaron vestidos, trabajaron en la fábrica de tabaco, para llevar el alimento a las mesas de sus casas. Al mismo tiempo que criaban a sus hijos e hijas.

Se dejaron guiar por la mujer sanadora que también habitaba en su ser. Fueron expertas usando sus manos para curar el dolor, con solo tocar la frente del adolorido se sentía el alivio de la cabeza cansada. Aprendieron a bajar la fiebre con el amor que solo un corazón al servicio de sus seres amados puede lograr. Reconocieron las hojas que sanaban y buscaban en sus patios para hacernos esa taza de té que calentaba nuestros cuerpos fríos y atormentados por un resfriado.

De ese linaje de mujeres, de mi madre Victoria que como la matrioshka rusa, recoge en su ser a todas las que se han ido pero que están presentes. De mi tía Margarita que es mi mano derecha en los caminos cotidianos de mi vida. De ese linaje de mujeres poderosas, con fuerza de naturaleza viva, autentica. De ese linaje de mujeres valientes, con miradas firmes y corazón decidido, vengo yo. De ese linaje de mujeres que sueñan, que siempre esperan y trabajan por un mañana mejor, de ahí vengo yo.

A todas ellas quiero agradecer sus historias de vida porque son mis herencias y con ellas me fundo en mi propia historia, la recibió y la transformo para ser y hacer lo que a ellas le faltaron por hacer y ser.

La autora es abogada y docente universitaria.

Josefina Almánzar