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La Justicia, un valor fundamental

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Febrero,  es el mes en que el pueblo dominicano celebra el “Mes de la Patria”, San Valentín, y es el inicio de la Santa Cuaresma. Tres realidades: una civil, otro de índole sentimental, y la otra espiritual.

El Plan de Pastoral, nos pide que meditemos en torno al valor de la JUSTICIA. Usted podrá pensar, que lo tiene muy claro, que lo pone en práctica, pero no siempre practicamos, este valor fundamental de la vida social. La justica en lenguaje común implica « dar a cada uno lo suyo».

La justicia puede ser definida, desde el punto de vista moral-espiritual, que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido.

Desde el punto de vista subjetivo, la justicia se traduce en la actitud determinada por la voluntad de reconocer al otro como persona.

La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, a pesar de las proclamaciones de propósitos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener.

La justicia se opone a la injusticia, que consiste en violentar los derechos del otro. Es negarle al prójimo lo que le pertenece. Es quedarnos callado cuando podemos cooperar para restablecer la justicia.

La justicia obliga a dar a cada  lo que le pertenece. Cuando se obra lo contrario, caemos en la injusticia. La práctica de esta virtud empieza en el hogar. Cuando fomenta la honradez, el amor sincero, y la solidaridad, se están tejiendo los pasos para que se viva en justicia. El peligro esta cuando se permite y hasta se celebre que se falte el respeto unos con otros, que se muestren los miembros de la familia indiferentes ante la discriminación, los privilegios, el egoísmo y la envidia. El desorden reinará, y estar allí día y noche es lo más parecido al infierno.

Si queremos crecer en la virtud moral de la justicia, empecemos a ser justos  con las pequeñas cosas de la vida, como la responsabilidad, devolver lo prestado, pagar las deudas, ofrecer análisis imparciales de cualquier situación o realidad.  Jamás seamos cómplices  o conniventes de lo mal hecho.    Donde hay justicia hay paz. Termino con esta oración: Oh mi Señor de  la Justicia, amado Jesús, somos unos  pobres pecadores,  eres un Dios de misericordia, pero sé que tú, infinita bondad, siempre nos perdonas; acógenos en tu Divina Presencia. Te pedimos que derrames bendiciones infinitas y que ilumines el corazón y la mente de quienes administran justicia para que la rectitud y honradez y el amor a la verdad guíen nuestras actuaciones.

Pbro. Felipe de Jesús Colon Padilla

El autor es, Juez del Tribunal Eclesiástico