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Un diciembre distinto

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Llegó diciembre, último mes del año en nuestro calendario ordinario.  Cuántos caminos hemos recorrido hasta aquí.  Cuántos aprendizajes hemos tenido a lo largo de estos meses transcurridos, unos meses inéditos en la historia del mundo moderno. Poco a poco se va cerrando este ciclo de 365 días, donde tuvimos la oportunidad de vivir muchas situaciones inesperadas e inimaginables pero que de una manera u otra han conducido a un aprendizaje individual y colectivo queramos o no aceptarlo.

Cuando el año va entrando en su etapa final solemos hacer balance de todo lo ocurrido de las ganancias y pérdidas que hemos tenido, no sólo a nivel económico sino a nivel emocional, espiritual y social. Definitivamente que este diciembre nuestros balances serán muy distintos a los acostumbrados hacer en tiempos anteriores.

Este diciembre nos hace una invitación muy clara para vivirlo y sentirlo. Nos convoca a vivirlo desde nuestro interior, dejando a un lado el derroche, la bulla, la prisa, el consumo ilimitado que han caracterizado estos días desde hace décadas. Nos invita hacer muchas reflexiones con la intención de hacer las mejoras necesarias en los puntos débiles de nuestra existencia y sobre todo agradecer todo lo que hemos podido mantener en este 2020 en salud física, mental y emocional.

Dentro de unos días en la última noche del año viejo se concluirán ciclos de nuestras vidas para darle inicio a otros, en el día nuevo. Se abrirán nuevamente las puertas de la esperanza, las ilusiones, los sueños que nos esperan por realizar en los nuevos tiempos. Ojalá tengamos la suficiente disposición de vivirlos con entusiasmo, alegría y sobre todo mucha fe activa.

Hoy quiero abrirle las puertas a un diciembre nuevo y distinto y para ello quiero utilizar estas palabras que transcribo y que elegí compartir con ustedes porque nos invitan a vivir este diciembre desde nuestro interior, conectados con nuestra esencia, con nuestra Divinidad.

Paulo Coelho en su libro, “Como el río que fluye” nos dice: “Señor, protege nuestros sueños, porque el sueño es una forma de rezar.  Haz que, independientemente de nuestra edad o circunstancias, seamos capaces de mantener encendida en el corazón la llama sagrada de la esperanza y la perseverancia y, para que eso sea posible, Señor, danos siempre entusiasmo, porque el entusiasmo es una forma de rezar.

Es lo que nos vincula con el cielo y la tierra, con los hombres y los niños, y nos dice que el deseo es importante y merece nuestro esfuerzo.

Es lo que nos dice que todo es posible, siempre que estemos totalmente comprometidos con lo que hacemos, y para que eso sea posible, Señor, protégenos, porque la vida es la única forma que tenemos de manifestar tu milagro.

Que la tierra siga transformando la semilla en trigo, que sigamos transmutando el trigo en pan.  Y eso sólo es posible si tenemos Amor: por lo tanto, nunca nos dejes en la soledad.

Danos siempre tu compañía y la compañía de los hombres y mujeres que abrigan dudas, actúan, sueñan, se entusiasman y viven como si todos los días estuvieran totalmente dedicados a tu gloria.”.

Amén y bienaventurado comienzo de diciembre.

Josefina Almánzar

La autora es Abogada y Docente universitaria.