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Minerva, Patria y María Teresa: Inagotables

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Corría el año de 1980, tenía 12 años de edad cuando por primera vez mi madre me llevó a Conuco, Salcedo. Había llegado en esos días de la ciudad de New York, no teníamos vehículo, pero llamó a un amigo de la familia y con mucho entusiasmo e ilusión empezamos a recorrer las calles aún sin asfaltar rumbo a Salcedo.

No sabía a donde iba ni porque iba, mami me hablaba de “Las muchachas” con tanta cercanía que pensé que eran unas familiares que yo no conocía y que ese día íbamos a visitar.  En los colegios y en las escuelas de esa época no hablaban casi nada de esa historia. Eran tiempos donde la influencia de los 12 años de Balaguer estaba muy presente, además de su presencia física y sus tentáculos activos en todas las instancias del poder.

Al llegar a la casa conocida hoy como la Casa Museo Hermanas Mirabal, nos recibió doña Chea, la casa fue convertida en Museo el 8 de diciembre del 1994. No recuerdo cómo mami logró llegar con tanta facilidad y sobretodo cómo fue recibida por doña Chea, pues me dio la sensación de que nos estaba esperando, aunque ni siquiera nos conocía.

Recuerdo que doña Chea nos condujo al interior de la casa por la puerta trasera porque la puerta principal estaba cerrada para nunca más volverse abrir. Nos sentamos en la sala y en mi edad adolescente me desgarró el alma al escuchar a esa señora hablar desde el corazón de una madre resignada al dolor y a la tristeza que les acompañarían durante todo el resto de su vida. Escucharla narrar la presencia de los tres ataúdes en la misma sala donde estábamos sentadas traspaso mi corazón como una espada que se quedó clavada en el sentir de unas voces que clamaban por justicia, libertad y dignidad.

Desde ese mismo instante hice una conexión con esas mujeres. A mi temprana edad me preguntaba porque lo habían hecho, porque se habían entregado por completo a una causa cuando tenían todo lo materialmente posible para vivir cómodas y tranquilas en ese remanso de paz de su jardín.

En ese momento no entendía cómo una sola persona, el sátrapa, podía controlar la vida de toda una población. Me llené de rebeldía cuando vi la tesis de grado de Minerva y escuchar de viva voz de su madre, que no pudo ejercer ni un solo día la profesión de abogada.

Salí de esa casa sin hablar por un largo tiempo, tratando de entender con la razón lo que no podía asimilar con el corazón. Mami sólo me decía: “Te traje aquí para que vieras lo que nosotros pasamos y para que no se te olvide nunca.”

La vida siguió pasando y cada cierto tiempo volvíamos a Salcedo, la presencia física de doña Chea fue sustituida por la cuarta Mariposa Dedé a la cual tuve el honor de también conocer y compartir con ella en una edad más adulta. Lo que más admiraba de ella era su pasión al contar sus vivencias. Hablaba desde el alma, sus ojos brillaban y su voz se ahogaba. Contaba la historia sin cansarse. Me decía: “La cuento para que nunca jamás se vuelva a repetir”.

Dedé también se fue a volar junto a ellas, se encontraron un día de febrero del 2014 y justo en ese agosto del 2014 nos encontramos presencialmente, Minou y yo en la publicación del libro: “Mañana te escribiré otra vez”, y he tenido el honor de recorrer junto a ella los caminos hacia la construcción de la democracia pendiente por la cual entregaron sus vidas su madre, sus tías y su padre.

Y así hemos llegado a este 60 aniversario de uno de los asesinatos más viles y cobardes generado por un Estado, una violencia estatal. Un asesinato que ha generado movilizaciones a nivel internacional.  60 años después la magia de las muchachas convertidas en Mariposas, resplandece y florece.

Minerva, una mujer llena de sabiduría, extemporal sabía que sus brazos saldrían de su tumba y se harían más fuertes porque se convertirían en alas de mariposas que transcenderían las fronteras de los tiempos y de los espacios infinitos.

Cada día son más inspiradoras, más cercanas, presentes, más fuertes y transformadoras. Cada día más vivas en el jardín de cada mujer que se reconoce y descubre.  Cada día crece el interés de las nuevas generaciones en la vida de las muchachas. Cada día el pensamiento y legado político de Minerva se fortalece en la necesidad de su implementación y en el derecho de participación política de las mujeres.

Simplemente son manantiales de agua que recorren la vida surcando la tierra, sembrando semillas de esperanzas, decisiones, compromisos. Haciendo que broten las necesidades de las transformaciones que las hacen volar con las inagotables alas de Las Mariposas.

Josefina Almánzar

La autora es abogada y docente              universitaria.