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La candidata

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No tenía el gusto de conocer ni de oídas o leídas a doña Anne Soupa, que parece ser una teóloga y biblista progresista (eso sobre todo que no falte) que ha conseguido sus cinco minutitos de fama al ofrecerse como candidata para suceder al cardenal Barbarin al frente de la archidiócesis de Lyon.

Una más. Vivimos en una Iglesia en la que lo que venden son las ocurrencias, cuanto más ocurrentes mejor. Yo creo que nunca habíamos contemplado tantas bobadas. Hoy es doña Anne, presidenta por cierto de una cosa denominada “Comité de faldas”, auto postulada para arzobispesa, como ayer tocaron esos cinco minutos de salto a la gloria a una religiosa nonagenaria que ha decidido dedicar los últimos años de su vida a reivindicar la supresión de las mitras episcopales. Qué mal andamos.

Estas gansadas ocurren tras muchos años de otras majaderías que se han hecho con carta de naturaleza en la Iglesia y ante las cuales, como es mi lema, nunca pasa nada. Hoy es un sacerdote celebrando vestido de Supermán, ayer las reverendas de santa Gundisalva dedicadas al eco yoga, el obispo Mítrez lanzándose en paracaídas para fomentar las vocaciones, la parroquia de san Apapucio reconvertida en s@n Apapucie por la cosa de la inclusión, la antes abadía de santa Gúdula hoy denominada “los Gúdulos” por no discriminar a no creyentes o don Quirico que acaba de despojar a Dios del esencial atributo de todopoderoso.

Nunca pasa nada. La práctica totalidad de tamañas originalidades, más viejas que refajo serrano, pasan sin más reacción que una benevolente sonrisa que, espero que no, esconde una aceptación en el fondo. Es abrir el melón. Ya sabemos que cualquiera puede seguir profundizando en la chorrada aparentemente más banal en la carrera por conseguir, alguna vez, ser noticia en algún medio. No es tan difícil. Basta que la ocurrente nueva ocurrencia ponga en solfa cualquier dogma, cualquier norma, para que sea amplificada con luz, taquígrafos, teólogos y la adhesión inquebrantable de Aradillas.

Ahora ya en serio, aunque me cueste. ¿De verdad lo que necesitan nuestro mundo y nuestra Iglesia, lo que necesitan urgentemente, lo que va a llevar a la fe a la gente son una teóloga reivindicando el arzobispado para una miembra del “Comité de faldas” o una casi centenaria empeñada en que los obispos se quiten las mitras, mientras que seguro está tan feliz con los tocados de plumas de los indígenas ecuatorianos? No vamos a comparar.

Leo hoy que la diócesis de Múnich ha perdido durante el pasado año más de diez mil fieles. En Francia apenas llegan al 50 % de católicos y un 30 % de la población se declaran ateos. No hace falta irse tan lejos. En España apenas el 20 % de los matrimonios son canónicos. Tranquilos. El problema es que las mitras de los obispos asustan. En cuanto se supriman veremos a la gente haciendo colas para entrar en los templos pidiendo confesión entre lágrimas.

No pasa nada. Nunca pasa nada. Toca esperar la próxima sorpresa. No me atrevo a adelantar nada. Aquí, también, la realidad supera a la ficción.

Jorge González Guadalix