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Madre María Pilar Adames, se contagió de COVID-19 y al morir ofreció su vida por los sacerdotes y por la Iglesia

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La hermana fue Madre General de la Congregación. Siempre tuvo espíritu de servicio, que el último año de su vida se reflejó cuidando a sus hermanas ancianas en el convento de Huelva, donde se contagió del coronavirus cuidando a una de ellas.

La pandemia del COVID-19, pese a las innumerables dificultades que ha traído para la sociedad, también ha sacado a la luz testimonios de fe y entrega a la voluntad de Dios.

Esta es la historia de la Madre María Pilar Adames, religiosa española de la Congregación de Oblatas de Cristo Sacerdote, quien se contagió con el coronavirus y al morir ofreció su vida por los sacerdotes y por la Iglesia.

El testimonio ha sido dado a conocer en un reportaje difundido por la agencia de noticias televisiva Rome Reports, que entrevistó a algunas hermanas de la congregación de la Madre María Pilar.

Era Semana Santa

Todo ocurrió durante la Semana Santa en medio del confinamiento generado por la pandemia. Era un Jueves Santo y 6 hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote dieron positivo al COVID-19. Una de ellas era la Madre María Pilar, quien se agravó por la enfermedad y debió ser llevada al hospital.

Ese día era el Domingo de Resurrección y las religiosas de su comunidad no la pudieron volver a ver, ya que debió ser aislada en el centro médico.

La Madre Teresa, OCS, Superiora de las Oblatas, reveló a la agencia televisiva las palabras que la religiosa le dijo al ingresar al hospital:

«Cuando la iban a ingresar, ella me dijo: ˝sólo queda abandonarse a la voluntad de Dios, porque sino estás perdida, lo que Él quiera, que es siempre lo mejor˝».

En otra ocasión, cuando le acababan de dar la unción, la absolución y la comunión, la Madre María Pilar también dijo a sus hermanas:

«Me voy al cielo, me voy al cielo, recen por mí. Lo que Dios quiera».

Por los sacerdotes y por la Iglesia

Al pasar los días de aislamiento y viendo las difíciles circunstancias de hallarse enferma y lejos de sus hermanas, vivió todo con mucha fe, ofreciendo los sacrificios por los sacerdotes y por la Iglesia.

«Repetía continuamente cuando estaba ingresada ̏pro eis˝ (…) No podría hablar mucho, porque estaba fatigada con dificultad de respiración», pero repetía «pro eis -por ellos- y pro Ecclesia -por la Iglesia», comentó la Madre Teresa.

Horas antes de morir, presintiendo que Dios la llamaba consigo, también les envió un mensaje escrito a sus hermanas:

«Estoy con todas y de la manera mejor, la que Él quiere. Gracias por sostener mi impotencia. Abrazo y bendición. Pro eis et pro ecclesia».

En otro mensaje, escribió: «Jesús. Presiento mi última noche. Gracias mi Dios por unirme tan profundamente al dolor puro de tu entrega en la Cruz».

La hermana María Pilar fue hasta hace unos años Madre General de la Congregación. Siempre tuvo espíritu de servicio, que el último año de su vida se reflejó cuidando a sus hermanas ancianas en el convento de Huelva. Precisamente se contagió del coronavirus cuidando a una de ellas.