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La Divina Misericordia en tiempos del Covid-19

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El domingo siguiente a la Pascua de la Resurrección del Señor (domingo 19 de Abril),  se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, domingo segundo de pascua.

Una fiesta establecida durante el pontificado de San Juan Pablo II, basada en  las revelaciones privadas de Faustina Kowalska, religiosa polaca, que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.

Empezó a formar parte del calendario de la Iglesia, el 30 de abril, del año 2000. En ese año fue elevada a los altares, la mujer a quien Jesús se le reveló, para esta valiosa devoción: Santa Faustina Kowalska, nacida el 25 de agosto de 1905 y fallecida el 5 de octubre de 1938. Murió a la edad de 33 años, bastante joven. En la Bula “Misericordie Vultus”, el papa Francisco llama a Santa Faustina: grande apóstol de la misericordia y pide su intercesión. La Divina Misericordia es un instrumento contra la violencia y el rencor.

¿Qué reveló Jesús a Faustina? Que el que no adora su misericordia, morirá para siempre (Diario, 367). Fue en el año de 1931, que Faustina recibió mensajes de Jesús, que luego esta santa mujer las escribió en un Diario de seiscientas páginas, para provecho de la iglesia,  a un mundo necesitado de la misericordia de Dios.

El deseo de Jesús misericordioso es, que la Fiesta de la Divina Misericordia sea un refugio de todas las almas y especialmente para los pobres pecadores. Ese día se abren las profundidades de mi Misericordia. Yo derramo un océano entero de gracias sobre aquellas almas que se acercan a la  fuente de mi Misericordia. El alma irá a la confesión y recibirá la sagrada comunión obtendrá el perdón completo de los pecados y el castigo. Ese día todas las compuertas divinas a través de las cuales la gracia fluye y se abren. Que nadie tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como el escarlata (Diario, 699).

La condición de pecadores, puede llevarnos, por ignorancia, a concluir que mi pecado no tendrá perdón de Dios, en el fondo, es negarse a pasar por la puerta de la misericordia de Dios, al negarse tendrá que pasar por la puerta de la justicia de Dios, que puede ser muy severa (Diario, 1146).

Dios quiere que todos se salven, cuanto más grave sea la miseria del alma arrepentida, mayor  es la misericordia.

El que confía en mi misericordia no perecerá, porque todos los asuntos son míos y sus enemigos serán destrozados en la base de mi escabel (Diario, 723).

Finalmente,  la imagen de la Divina Misericordia es fuente de numerosas gracias, quien la venera recibe la protección de Dios en la vida y sobre todo en la muerte (Diario, 327 y 48).

Se recomienda reza la Coronilla de la Divina Misericordia, la hora debe a las tres de la tarde. “Hasta el pecador mas empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de mi Misericordia infinita” (Diario 687).

Fomentemos esta hermosa devoción. Recemos el Santo Rosario, el credo. Hagamos la siguiente oración, al rezo del Padre Nuestro: “Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu Amadísimo  Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero”.  Y luego, después de rezar el Ave María: “Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Y para terminar diremos tres veces estas palabras: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Queremos erradicar el COVID-19, que tantas muertes y luto ha llevado a nuestros hogares, he aquí una herramienta espiritual.

Felipe de Js. Colón