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“Este es el día que hizo el señor:” (sal.117)

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Sea nuestra Alegría y nuestro Gozo.  El Señor ha resucitado, como lo habían prometido los santos profetas (Primera Lectura). Es por eso que nuestra fe es grande, porque sabe que está respaldada por la misma Palabra de Dios. Este Salmo es precioso y deberíamos de recitarlo cada día de estos días hasta la Ascensión del Señor y Aleluya!

“Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. Diga la Casa de Israel: eterna es su misericordia. La diestra del Señor es poderosa, la diestra del Señor es excelsa. No he de morir, viviré para contar las hazañas del Señor. La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente.”

En la Segunda Lectura, el Apóstol Pablo les dice a los colosenses, que: “Ya que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque han muerto y su vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también ustedes aparecerán juntamente con El, en gloria.”

El Evangelio es cuando van a buscar al Señor al sepulcro y lo encuentran vacío con las vendas en el suelo. María Magdalena echó a correr y le dice a Pedro “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto… Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; VIO Y CREYO. Pues, hasta entonces no habían entendido la Escritura: que El había de resucitar de entre los muertos.

Si Cristo no hubiera resucitado VANA hubiera sido nuestra fe, como diría más tarde San Pablo. El no era un profeta más. Era el que iba a venir, el Mesías, el Señor, el Redentor, nuestro Salvador.   Si los Apóstoles que habían convivido con Cristo dudaron de su Resurrección, cuanto más nosotros que somos tan poco fieles a El. Sin embargo, creemos, porque hemos  tenido experiencia de su Resurrección, El nos ha visitado en nuestra cotidianidad. En estos momentos de esta Pandemia, El no se ha apartado de nosotros, por eso hemos resistido a estas dificultades, y no nos falta la fe. “Dios siempre perdona, el hombre a veces perdona, pero la naturaleza NUNCA PERDONA”. Y hemos sido malos con la naturaleza, hemos  terminado con ella. Por eso nuestros ríos no llevan agua, nuestros campos no tienen ya, el verdor que acostumbraba a tener. Las montañas, han perdido su esplendor. ¡Qué pena! Por eso, estamos en estos momentos encerrados en nuestras casas, para ver si al menos nos relacionamos mucho mejor con nuestras familias, a las que también hemos defraudados.

El Señor tenga misericordia de nosotros, Amén!