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Los obispos de Haití denuncian la opulencia arrogante y escandalosa de unos pocos mientras la población vive en la miseria

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En su Mensaje de Adviento., los obispos haitianos advierten que «es inaceptable que algunas personas se revuelquen en una opulencia arrogante y escandalosa mientras que la inmensa mayoría de la población languidece en una miseria vergonzosa y rebelde».

(Aica) Como preparación para la celebración de la Navidad, la Conferencia Episcopal de Haití publicó un mensaje pidiendo a las autoridades y a los líderes de la oposición que sean autocríticos y piensen en el bien del pueblo, para llegar a soluciones que tengan repercusiones históricas ante la dura realidad que viven los haitianos.

En el mensaje los obispos expresan su solidaridad con el sufrimiento de los haitianos: las familias que viven en luto después de perder a algunos de sus miembros, los que están hospitalizados por problemas de salud graves, los que perdieron sus propiedades y los que tuvieron que abandonar sus hogares.

«Necesitamos un cambio que conduzca a un nuevo Haití, liberado de los males habituales que siempre lo han golpeado y que hoy alcanzan una intensidad intolerable. Citamos entre otras cosas: desempleo, pobreza, inseguridad, exclusión, impunidad, delincuencia moral, manipulación, corrupción, represión y violencia», se lee en el texto.

La descripción de la situación es muy clara y los obispos la comentan de acuerdo con la visión del creyente: «Sabemos que no es la voluntad de Dios. El sistema deseado por Dios, y lo que deseamos, es el que tiene en cuenta el bien común, el bienestar de todos los ciudadanos, ofreciéndoles la igualdad de oportunidades para realizarse como un ser humano hecho con dignidad. Este sistema también debe estar atento al sufrimiento de los más vulnerables y pequeños, promoviendo su desarrollo integral y estableciendo mecanismos que promuevan una distribución equitativa de la riqueza».

Por lo tanto, destacan la confianza, el coraje y la capacidad de las personas para avanzar con determinación, a pesar de realidades como el desempleo, la pobreza, la inseguridad, la exclusión, la impunidad y los efectos de las acciones criminales. Para la Iglesia, esta situación debe conducir a un nuevo Haití.

Los obispos reflexionan sobre el misterio de la Encarnación como un punto de inflexión histórico: «el Hijo de Dios se hizo hombre, Dios lo convirtió en el Libertador, el Salvador de la humanidad. Sí, estamos en un punto de inflexión histórico en nuestra evolución, como pueblo y como nación, para cambiar nuestro régimen y nuestro sistema».

«Oramos por todos ustedes, por los grandes protagonistas de la escena política del momento, para que el Niño Dios los inspire y que, gracias al sentido de compromiso, podamos llegar a una normalización de la vida nacional, para una Navidad en alegría y paz, marcada por el enfoque de los extremos y la superación mutua de uno mismo. Una Navidad de este tipo también será el comienzo de un buen y feliz año nuevo para todos»: con estos deseos, los prelado haitianos concluyen su mensaje.

La situación en la capital haitiana es cada vez más tensa, y las universidades y escuelas siguen cerradas. Las manifestaciones de grupos sociales y políticos contra las autoridades del gobierno actual continúan una tras otra.

Aunque el problema del suministro de combustible se resolvió, que era la causa que desencadenó las primeras protestas populares, los haitianos continúan manifestando contra la corrupción y la falta de servicios, así como el costo de la vida. En esta situación, ni siquiera las ONG y los organismos católicos, como las congregaciones religiosas, Caritas o Catholic Relief Services, logran llevar a cabo su servicio, de hecho, sus locales fueron saqueados y la violencia de algunos grupos de manifestantes impidió e impide su trabajo, señala Fides.