Un pontífice de paz en un país de paz

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Luis Emilio Montalvo Arzeno.

Este es el Lema y el logo del viaje del Papa Francisco a Egipto, un país de casi 92 millones de habitantes que profesan el Islam en un 85% y de apenas un 11% de cristianos divididos entre Coptos separados de la Iglesia Católica y Coptos católicos que alcanzarían unos 250 mil fieles dentro de Egipto, más 125 mil fuera de ese territorio. También existen pequeñas minorías de cristianos ortodoxos (no católicos), católicos armenios y católicos caldeos y maronitas, estas dos últimas pertenecientes a iglesias católicas orientales no egipcias.
Las únicas entre los cuatro grupos cuyo patriarcado tiene su sede en Egipto son los Católicos Coptos. Ese Patriarcado tiene su Sede en Alejandría: el pasado Domingo de Ramos, día de la última explosión próximo a la Catedral de San Marcos, el Patriarca Teodoro II estuvo oficiando y previo a ese atentado un atacante suicida en una Iglesia de Tanta, con un saldo de alrededor de 60 muertos entre los dos ataques.
Es precisamente en medio de esa hostilidad contra una comunidad tranquila, laboriosa y amante de la convivencia pacífica, cuando el Papa Francisco define a Egipto con sus 92 millones de habitantes como una nación amante de la paz y viene con su visita responsable y valiente a dar un testimonio de que cree en esa nación asediada por células extrañas a su suelo, llenas de odio hacia todo lo que signifique amor, paz y fraternidad.
El Papa no viajó en un plan proselitista con fines de expansión de ese pequeño núcleo de cristianos. Viaja y llega con una visión mucho más amplia.
Su proyecto lo define claramente el logo de su viaje como misionero de la paz. Tres elementos son los principales de la visita del Papa: Egipto, el Papa y la paz. Egipto está representado por el río Nilo, símbolo de la vida junto a las Pirámides y a la Esfinge que simbolizan la historia de la civilización de este país. La Cruz y la Medialuna que resaltan al centro del logo, además representan la coexistencia entre los diferentes componentes del pueblo egipcio.
En el logo también está presente la paloma representando la paz, el don más alto al cual tiende todo ser humano y también el saludo de las religiones monoteístas. La paloma precede la llegada de Francisco como Pontífice de paz.
Si la paz viene del amor y el amor verdadero viene de Dios. El Papa Francisco sigue siendo fiel a la misión que recibió como profeta y promotor de lo que representa el núcleo central del Evangelio de Jesús: aquel niño indefenso que nació en Belén perseguido salvajemente por Herodes y cuyo refugio de protección fue precisamente la tierra de Egipto, hacia donde huyeron sus padres María y José permaneciendo en ese territorio generosamente acogidos en un exilio temporal. Un compromiso del pueblo egipcio con la paz tendrá un impacto de gran poder multiplicador hacia los países vecinos que están muy pendientes de lo que sucede en esa vieja y respetable nación que viene a ser una especie de abuela de espacios territoriales que surgieron más tarde como naciones independientes

Por: Luis Emilio Montalvo Arzeno

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