¡Santi Alumbra!

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(RRI)

Santiago Alberione, nace el 4 de abril de 1884. Sus padres campesinos y católicos, les enseñan a sus hijos la moral, la ética, los valores y sobre todo el amor a Dios y al trabajo. A Santi, por ser pequeño, le tocaba  alumbrar con la lámpara a su padre y hermanos que cultivaban la tierra en el oscuro otoño, de repente Santi se distraía o se quedaba dormido y entonces Teresa Rosa, su madre, para evitar que su padre Miguel, lo reprendiera le decía “Santi alumbra, alumbra”, y estas palabras se le quedaron en el corazón de tal manera, que al hacer memoria de su llamado vocacional, lo destaca como un signo de Dios, que le invitaba a ser luz e iluminar.

Santiago fue el hijo número cinco, luego vino su única hermana que murió antes de cumplir dos años y por último Tomás, con quien se sintió muy unido, y es quien más ha dado testimonio de la vida de Santi.

A la edad de 8 años estaba en la escuela y la maestra Rosa, les pregunta a sus estudiantes ¿qué quieren ser en el futuro? y Santi responde, “seré sacerdote”, esta afirmación se convirtió en un compromiso. Con la ayuda de su párroco y el gran sacrificio de su padre inicia la formación en el seminario menor de Bra, cerca de casa, pero luego, por un mal entendido regresa a la familia; nuevamente el párroco interviene para que ingrese al seminario de Alba, siempre en la región del Piamonte italiano, tierra de Don Bosco y tantos santos. Es en la Catedral de Alba, donde a la edad de 16 años, la noche del 1900 al 1901, mientras estaba en adoración al Santísimo, recibe la revelación carismática de parte de Dios, de fundar en la Iglesia la “Familia Paulina”, compuesta por 5 congregaciones religiosas y 5 institutos de vida consagrada, presentes hoy, en los 5 continentes en más de 50 países.

Recordando su vida en el mes de abril, compartimos este acontecimiento: una hora antes de morir, el 26 de noviembre de 1971, fue visitado por el papa Pablo VI, quien dos años antes, al imponerle la alta condecoración “Pro Ecclesia et Pontifice”, había trazado de él, esta memorable semblanza: “Helo aquí, Padre Alberione, humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre recogido en sus pensamientos que van de la oración a la acción, siempre atento a escrutar los signos de los tiempos, es decir, la más geniales formas de llegar a las almas… Nuestro Padre Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado,  nueva capacidad y nueva conciencia de la validez  y de la posibilidad de su misión en un mundo moderno y con los medios modernos. Deje, querido Alberione que el papa se  alegre de esta larga, fiel y constante fatiga y de los frutos por ella producidos para la gloria de Dios y en bien de la Iglesia”.

Agradecemos al Señor por la vida y la misión de nuestro fundador; por el reconocimiento de parte de la Iglesia, renovado el 27 de abril del 2003, en la persona del papa San Juan Pablo II, quien lo beatificó en Roma, reconociendo su intercesión en la curación milagrosa de María Librada González, de origen mexicano, perteneciente al Instituto de la Anunciación de María, agregado a la Sociedad de san Pablo.

Hna. Alicia Galíndez

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