Reseña histórica sobre el poeta Manuel Rodríguez Objío

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Manuel Rodríguez Objío fue un talentoso poeta dominicano de la generación del 50 en el siglo 19. Un artista de la palabra cuyo amor a la patria lo llevó a la lucha en defensa de la soberanía. Fue capturado en combate el 16 de marzo de 1871 en el paraje Amaceyes, próximo a Gurabo, en la provincia de Santiago, llevado a la capital, sometido a un juicio acelerado y  ejecutado. El gobierno de Buenaventura Báez montó un circo al que llamaron “Consejo de Guerra” que llevó al poeta al patíbulo.
Revisando la conducta moral y política del general Buenaventura Báez, apoyado en documentos y en la lógica, se desprende que, con la captura, traslado, juicio y ejecución, del poeta, su muerte estaba previamente decidida. Lo fusilaron porque la orden estaba expedida y los argumentos del juicio era la retórica que usan los políticos perversos para justificar sus acciones.
Decenas de prestantes ciudadanos en la ciudad de Santo Domingo al enterarse sobre la captura del poeta, exigieron garantías para la vida e integridad del patriota, pero el clamor fue inútil, porque según los baecistas el intelectual era un obstáculo para el proyecto de venta territorial a Estados Unidos en una iniciativa disfrazada de la anexión. 
El plan del norte era adquirir el territorio dominicano, proyecto de nombre, porque en el fondo lo que se gestaba era una transacción de venta a beneficio del Presidente Báez, sus familiares y colaboradores. E, existen en archivos y documentos en Estados Unidos con cifras que validan este planteamiento. 
Manuel Rodríguez Objio fue ejecutado a escasa distancia del despacho presidencial, justamente el día  que el gobernante se reunía con los integrantes de una Comisión del Senado de Estados Unidos enviada por el Presidente Ulysses Grant, con el propósito estudiar la situación política, social y económica del pueblo dominicano.
Por cuestión de distancia donde tuvo el poeta su último suspiro,  es posible que el gobernante dominicano y los comisionados norteamericanos oyeran la descarga que terminó la vida valiosa de Manuel Rodríguez Objío. Pero cuando se ignora la historia se repiten los hechos y parecen novedosos.
La muerte del poeta guarda similitud con otros héroes proscritos por historiadores; tenemos una sarta de dominicanos con pose de eruditos o intelectuales que buscan invalidar el protagonismo a los que se sacrificaron para preservar la Independencia. Los hechos en la vida de Rodríguez Objio reflejan sus méritos, por su determinación de apoyo al pensamiento trinitario. Los generales Báez y Santana no lo perdonaban y mantenían una lucha indoblegable en busca de su eliminación para entregar a una nación poderosa la soberanía del país.
Cuando se produjo el golpe de Estado al gobierno de José Desiderio Valverde en 1857 pareció  que el proyecto de nación perdía la esperanza. Eventos forzaron a Rodríguez Objío a exiliarse y  en su peregrinaje compartió la desventura con el padre de la patria en Venezuela. Tras la anexión regresó  para unirse a las fatigas en defensa de la soberanía y al finalizar la guerra el poeta se integró al Partido Azul y escribió su versión sobre esas las luchas, un libro de valor incuestionable que corona su legado 
Son las incongruencias de la historia dominicana y sus élites dominantes. Los grupos que condicionan la población para que les sea útil a sus intereses a cambio de poco, para lograrlo colocan en el rincón del olvido los que se sacrifican por los intereses de la patria enfrentando a los contaminados. 
 
Manuel Rodríguez Objío nació en 1839 y en 1855 a los 16 años ya era considerado como el intelectual mejor dotado con el que contaba el país. Era persona de gran inclinación por el estudio y la educación.
 
En cambio, Buenaventura Báez y Pedro Santana tenían poder y dinero, dominaban el escenario político y por tal razón el gobierno del general José Desiderio Valverde fue efímero, algo parecido a lo ocurrido posteriormente con los mandatos de Ulises Espaillat en el siglo XIX y con el de Juan Bosch en 1962. 
El compromiso del poeta con el gobierno del general Valverde y su práctica de las ideas trinitarias lo llevó a pagar con su vida, lo mataron por convicción de combatir la proyectada incorporación del territorio dominicano a Estados Unidos. Ello expone la estatura patriótica de Rodríguez Objío, y la degeneración de Báez, el poeta no se doblegó en su determinación de colocarse al lado de los mejores intereses de la nación, aunque hoy algunos se empeñen en desconocer los méritos de su sacrificio.
Su obra “Gregorio Luperón e Historia de la Restauración”, es una cronología sobre la guerra en la que participó y que guarda cierto paralelo con el diario de campaña del gobernador español Jose de la Gándara. Nos parece insensato e irracional el hecho que dominicanos se dediquen a minimizar la grandeza y obra de personajes como Manuel Rodríguez Objío, esta lamentable actitud, no toma en cuenta el hecho de tomar un fusil para lanzarse defender el ideal que creía justo, en las circunstancias de la época que vivió, y más que mérito, al poeta le pertenece la gloria que algunos le cuestionan.
De la forma que fue ejecutado se desprende que a pesar de su prestigio como intelectual el gobierno de Báez actuó con velocidad para acabar con su vida, la brevedad entre la captura y su muerte comprueba que el gobierno tenía prisa en eliminarlo. Nos parece que Rodríguez Objio y su destino tiene similitud a las figuras de nuestra historia reciente en Manolo Tavárez y el coronel Francisco A. Caamaño, por la forma apresurada que en su momento los estamentos de poder dispusieron de sus vidas.
La ejecución de Manuel Rodríguez Objío a no dudarse fue una pérdida sensible para el país, un golpe a defensa de la soberanía y al ideal trinitario, el tiempo ha demostrado que el poeta transitó el camino más digno que puede escoger un hombre a su paso por la vida. Su sacrificio no fue en vano, porque se impuso el sueño duartiano, al menos en el aspecto jurídico, la idea de nación prevaleció, a pesar que la convirtieron en un nido de serviles a intereses foráneos que las clases dominantes lo mantienen en categoría de utopía.
No somos absolutamente libres, nuestra independencia es a medias, para las naciones pequeñas y de economías débiles, la autonomía está sujeta a la voluntad de poderes económicos ultramarinos, que nos monedas sus monedas y con ello extienden hasta nosotros sus fronteras. Para consuelo nos dejan ver el espejismo en la fantasía de un país libre, pero que en realidad no es auténticamente soberano.
EL AUTOR es historiador y comunicador. Reside en Nueva York.
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