Nacimiento divino que garantiza salvación

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El tiempo de Navidad contiene la felicidad del Niño Jesús, hijo predilecto de Dios Padre Todo Poderoso, nacido para vencer la muerte y liberar de la esclavitud del pecado a la raza humana; con el propósito de purificar las almas,  como regalo divino; garantía de salvación, para poder entrar al paraíso de la gloria eterna; santo escenario de amor y paz, superior al conocimiento científico terrícola.

El acontecimiento enseña, a modo de reflexión, que se debe nacer de nuevo, pero del agua y del espíritu santo, para entrar en el reino de los cielos, como se narra en los evangelios; documentación bíblica que contiene la vida y obra del Maestro Nazareno, quien tuvo su origen en Belén de Judea, Jerusalén.

El acontecimiento de trascendencia mundial, consolidado con la muerte y resurrección de Jesús Cristo, divide la historia de la humanidad, en un antes y un después;  característica especial, en donde se refuerza la afirmación teológica de fe, sobre la existencia del creador de todo cuanto existe, que supera lo objetivo/subjetivo, entre lo físico/materia y lo metafísico/sobrenatural.

Lo dicho, es posible que se entienda, utilizando la estrategia de la oración, desde la convicción de creer en Dios, como solución espiritual a los problemas materiales, ocasionados por la imperfección de la constitución física/materia del cuerpo humano.

La suave briza de diciembre, despidiendo un año y augurando la venida de otro, invita  crear un ambiente de cordialidad y confraternidad; para dar gracias por todo cuanto brinda la madre naturaleza, grato regalo del supremo creador, con lo que se hace posible la convivencia fraterna y solidaria, aun en medio de las torpezas e iniquidades mundanas.

Es la época de demostrar, que sí se puede brindar una sonrisa y una mirada de paz; porque es ahí, donde  el vivir de las personas tiene razón de ser por un mundo de justicia y de amor, como enseñó en su predica de humanismo cristiano,  Jesús: El Emmanuel con nosotros; como muy bien se explica, en el Nuevo Testamento.

Los días de Navidad y de inicio de año nuevo, deben ser bien aprovechados en acciones dirigidas a fortalecer la solidaridad y el de ser mejores personas, para que sea posible la paz; porque al fin y al cabo, somos únicos en este único planeta con vida propia; y hay que saber agradecer y perdonar.

El nacimiento del niño Jesús en un pesebre, recuerda que se debe ser humilde; en el entendido, de que el ser humano: materia/cuerpo, es un mundo de necesidades, que pueden complicarse, si no se trabaja por bien común; asunto que debe ser motivo de unidad familiar y social; por tratarse de lo más sagrado, que es respetar y preservar la vida.

El llamado de volver hacer como un niño; se constituye en consejo de sabio, para evaluar el accionar personal; y de esta manera tomar decisiones, que conduzcan al logro de  estabilidad  individual y colectiva; por considerar, en buen pensar,  que el hombre y la mujer,  son creatura del divino creador, con lo que se debe ser ejemplo de amor y paz; porque el niño nacido en Belén, representa la alegría de misericordia, que libera de pecado a los hijos e hijas de Dios Padre con poder supremo, vencedor de toda maldad, resplandeciendo como  luz de esperanza salvadora, en medio de la oscuridad del pecado y de la muerte.

Pascual Ramos.

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