Más, es democracia

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Estar en el lugar. Ver, oír, no imaginar. Generaciones distintas con la vergüenza y el dolor de la guerra, con un saldo de espanto en la memoria. Porque ha sido daga su historia, atravesando épocas. Con ilusión y miedo, con la transformación del alma nacional. Sin embargo, por doquier el orgullo, no importa origen ni talante, tampoco el riesgo. Paisas, rolos, costeños, pastusos, llaneros, defienden su pedazo, sus mitos. Con la saga de sangre y arrojo, con aquel bogotazo redivivo que inició el periodo de “La Violencia” que jamás pensaron se extendería. 69 años después del asesinato de Gaitán Ayala, un balance triste no vence la hidalguía ni el deseo de ser innovadores y renacer. Narcotráfico y política se coaligaron y crearon una alianza cuasi inexpugnable. Decía el magistrado Edgar Saavedra, sustituto de uno de los jueces víctimas del atentado del M-19 al Palacio de Justicia, sede de la Corte Suprema-Bogotá -1985- que: “la clase emergente buscó la posibilidad de satisfacer el consumo, a través del narcotráfico y hoy, son las grandes familias, con poder económico y político que compiten en la narco empresa.” Después de descubrir a Edgar en aquellas jornadas de intercambio en el Centro de Estudios Judiciales de la Universidad Complutense -1988- visitó la capital del país. Bibliómano, aficionado a la buena mesa y al arte gótico, creía que las reformas legales podían contribuir con los cambios. Hubo que esperar. Intentos recurrentes preceden la apuesta reciente. La idea de paz está en cada esquina, suena con el vallenato y el tamborito. Y la percepción ayuda.
El esfuerzo es continuo. Y para la credibilidad, la acción. La cadena interminable. Hoy, tres magistrados del Tribunal Superior de Villavicencio, uno de ellos profesor de ética, están imputados por constituir “una de “las peores redes de corrupción investigadas.” Aunque la violencia perviva y se transforme, como asevera el Director del Instituto Forense, Carlos Valdés, avanzan. El especialista afirma que la reducción de la violencia atribuida al conflicto armado ha disminuido empero, “aumentan los casos de violencia interpersonal, intrafamiliar y las muertes por accidentes de tránsito.”
Colombia, invencible, con sus elites y su gleba, sus dos océanos y sus cumbres. Nariño y Bolívar. Con su Nobel y Macondo, Ester Forero y Francisco El Hombre, Héctor Vallejo y Abad Faciolince. Ese enorme territorio multicultural de belleza y hospitalidad, fue sede de la Primera Conferencia de Magistradas Electorales-septiembre 2017-, jornada especial que con el auspicio del Centro de Asesoría y Promoción Electoral, CAPEL, permitió al Consejo Nacional Electoral de Colombia el lucimiento de una anfitriona excelente, la magistrada Yolima Carrillo Pérez. La emoción de un minuto de silencio para honrar a las personas afectadas por los fenómenos naturales en la región y la “gloria inmarcesible” del himno nacional, iniciaron la faena que tuvo puntos luminosos y promisorios. Participantes de El Caribe, Centro y Suramérica, compartieron experiencias, logros y pendientes. De nuevo aquello de tan iguales y tan distintas, tan cerca y tan lejos. Algunas faltaron porque, aunque parezca propio del medioevo, no consiguieron autorización de sus pares.
El resultado de la investigación sobre violencia política electoral, autoría de Mona Lena Krook, la exposición de la magistrada Carrillo, el panel “Acuerdos de Paz e Inclusión”, conformaron una agenda estupenda para la reflexión y el aprendizaje. El encuentro fue propicio para la creación de la Asociación de Magistradas Electorales de Las Américas. Luciana Lossio, una de las gestoras de la Conferencia y de la Asociación, propuso a Carrillo Pérez, para presidir la Asociación y Bolivia, uno de los países líderes en la paridad de género, ganó la sede para la próxima Conferencia. Más mujeres, más democracia es eslogan contundente. La democracia suma y respeta. Camino transitado y por andar y esto apuntala. Como expresó José Thompson, Director de CAPEL: “Las iniciativas que aquí se gesten promoverán regímenes políticos más democráticos, más equitativos…”. El propósito escontinuar, sin pausa. Y como cantó Yolima, ser como el cardón guajiro, que no lo derrite el sol. Invencible.

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