Ética para corruptos

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“La corrupción es un vicio de los hombres, no de los tiempos” Seneca. Ha llegado a mí este libro que comparto con ustedes: Ética para corruptos, de Oscar Diego Bautista, Dr. por la Universidad Complutense de Madrid. El texto indaga las causas que impulsan a gobernantes y funcionarios de la administración a realizar prácticas corruptas; también destaca la importancia de la ética en el servicio público para hacer frente a la pandemia de la corrupción y a los diversos contravalores que infectan la vida pública, mostrando que la ética en el servicio público es posible, y que su aplicación mediante una política de Estado es, además rentable.

Dos preguntas básicas dieron origen al libro: ¿Por qué se ha incrementado la corrupción y las conductas antiéticas de los gobiernos y administraciones públicas del mundo? Y la segunda  ¿Cómo establecer diques para contener ese mar de corrupción que inunda a los distintos gobiernos y administraciones públicas?

En esta primera entrega, subrayamos la tesis del autor: “Si hay corrupción en los gobernantes y en los funcionarios públicos es porque sus mentes han sido tocadas por diversos antivalores. El hombre es lo que piensa. Lo que realiza cada individuo es resultado de lo que está en su pensamiento, éste es la fuente de sus actos. Una conducta sana lo es a través de un pensamiento sano. Por tanto si dentro de las instituciones públicas existen personas corruptas será porque en su mente existen pensamientos que les impulsan a obrar así. Existe una crisis de valores en los servidores públicos. De ahí la importancia de diseñar y establecer estrategias para fomentar y fortalecer principios y valores éticos que arraiguen en la mente de los políticos y funcionarios.

El incremento de la corrupción en los gobiernos y administraciones públicas produce desvío de recursos y derroche de los mismos aunado a otras conductas reprochables que generan: a. Ineficiencia en el funcionamiento de las instituciones públicas. b. Incumplimiento de objetivos y metas en los programas de gobierno. c. No resolución de los problemas y necesidades ciudadanas. d. Pérdida de confianza en el gobierno y en las instituciones. Todo ello permite que se perpetúe el sufrimiento humano en sus diversas manifestaciones: pobreza, desempleo, enfermedad, hambre, injusticia, e incluso puede llegar a ocasionar la muerte cuando se omite algún servicio básico al ciudadano.

Actualmente, la confianza en los gobiernos y en las intuiciones públicas se ve cuestionada, entre otras causas por los malos resultados de la gestión pública y por los distintos casos de antivalores encontrados en la conducta de políticos y funcionarios: abuso de autoridad, tráfico de influencia, mentiras, prevaricación, transfuguismo, uso indebido del patrimonio público. El descuido de la ética pública, entendida como la ética aplicada a la política y administración pública, y la falta de mecanismos que la garanticen provoca que los servidores públicos sean tentados de caer en las prácticas de corrupción y de hecho caen.

Históricamente, la corrupción ha sido objeto de reproche moral en todas las sociedades. Los testimonios de las diferentes culturas así lo prueban. Desde mediados del siglo XX y hasta la fecha, se ha vuelto más frecuente y, a la vez, más evidente, tanto en países desarrollados como en vía de desarrollo.

Los diversos mecanismos que intentan combatir los antivalores, normalmente son instrumentos de control externos al individuo (leyes, reglamentos, códigos, sanciones) que dejan de lado lo esencial, es decir, todo lo que se refiere a la esfera interna del individuo, donde residen los pensamientos y las convicciones, y por ende, la asimilación de valores que conducen al autocontrol”.  Continuara…

 

Hna. Alicia Galíndez

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