Escritora destapa la historia menos analizada de la lucha social de Argentina

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La escritora argentina Graciela Ramos, destapa con su última novela “La boca roja del riachuelo” una parte de la historia de la lucha social del país suramericano “no conversada en los libros”, como aseguró en una entrevista con Efe.

Su quinta obra es un relato coral que cuenta una visión sobre la llegada de inmigrantes, la trata de personas y la prostitución en Buenos Aires a principios del siglo XX, asuntos de relevancia social que a pesar del paso del tiempo, la novelista reconoció que continúan teniendo vigencia.

“Vos fijate lo que pasó con esta chica que la tiraron de un auto hace unos días, con la violencia de género, con la corrupción, con los movimientos… yo creo que nosotros nos debemos, y lo converso mucho en el libro, la justicia social que nunca se entendió, por eso tampoco se entiende hoy”, destacó Ramos.

La lucha por la justicia social y los derechos del trabajador relatados a través de lo sucedido en la considerada Semana Trágica argentina son capítulos de los que poco se lee en los libros de texto y que la autora de “Lágrimas de la Revolución” y “La capitana”, quiso contar.

“No es lo mismo lo que pasa ahora con lo que creció allá (en ese momento), cuando estamos hablando de que la gente que reclama es gente que trabajaba 14 horas por día, es gente que cobraba poca plata y vivía hacinada en un conventillo”, aclaró Ramos.

Entre los conventillos, viviendas colectivas de construcción precaria clásicas del porteño barrio de La Boca, se desarrolla la vida de una joven provinciana procedente de Salta (norte) y de sus amigos: dos hermanas mellizas españolas, una polaca y tres músicos que se encargan de armonizar sus escasas veladas con tangos y milongas.

El barrio siempre es un elemento importante para desarrollar sus narraciones, según defendió la escritora oriunda de Córdoba (centro), quien ya se basó en otro punto geográfico emblemático de la capital para su anterior libro ‘Los amantes de San Telmo’.

“Esta es una ficción histórica y prefiero que el lector haga su interpretación. No quiero que tenga tintes políticos porque no quiero que se desvirtúe el esfuerzo y la muerte de todo ese sector social, víctimas sin tener un color político”, manifestó.

Durante la Semana Trágica, los historiadores contabilizan centenares de muertos y miles de heridos en la capital del país austral.

Ramos confesó que la documentación en la que se basó fue plenamente testimonial y vino de la mano de un anciano de 80 años, antiguo anarquista que le presentó este momento histórico de las primeras revueltas obreras tras la Primera Guerra Mundial.

Fue en enero de 1919 cuando la subida de la inflación y la escasez de derechos laborales llevaron a miles de trabajadores a una huelga general que se saldó con la sangrienta represión de las protestas por medio de los “rompehuelgas” contratados por los empresarios y por la llamada “Liga Patriótica”.

“La Liga Patriótica mataba indiscriminadamente, tiraban de los carros a los trabajadores al riachuelo”, explicó Ramos antes de afirmar que “son temas que nuestros abuelos o bisabuelos vivían, por ser anarquistas, pero no eran anarquistas como los que se citaban en los libros de corrientes políticas, sino obreros que luchaban por sus derechos”.

Los talleres metalúrgicos Pedro Vasena e Hijos fueron el principal eje de esta revuelta obrera, a la que se sumó la mayoría de los sectores de la industria argentina.

La autora tildó el ataque que tuvo lugar en el cementerio de Chacarita como el más importante de la narración, y si bien dentro de su ficción no escribió los nombres de algunos lugares emblemáticos de este capítulo de la historia del país, reconoció que por más que le doliera, tuvo que emplazar allí la muerte de sus personajes preferidos del libro.

Un “momento Tarantino”, que, entendió, era necesario para que los lectores entendieran la dureza de la época, “por eso es roja La Boca, por la sangre, no por el color de la pintura de labios”.

“Lo que reflejo es cómo terminó todo, cómo se descontroló por no haber un diálogo, por no organizar de una manera distinta todo esto que venía creciendo por un lado y por otro”, lamentó la escritora. EFE

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