El presidente de Ucrania pide al Patriarca de Constantinopla la autocefalia para los ortodoxos de su país

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El presidente ucraniano, Petró Poroshenko, ha pedido al Patriarca Ecuménico de Constantinopla, Bartolomé, que conceda la autocefalia para las iglesias orientales en el país.

(InfoCatólica) Actualmente en Ucracnia están la Iglesia ortodoxa ucraniana, de obediencia moscovita; la de Kiev, separada de Moscú y la greco-católica, que está en comunión con Roma.

El presidente ucraniando declaró que su país debe tener su propia Iglesia. En una intervención en la Verkhovnaja Rada, el Parlamento de Kiev, informó a los diputados que había escrito una carta oficial dirigida al Patriarca Ecuménico, Bartolomé. En la carta sostiene que «cada ciudadano de Ucrania y solamente él, eligió, elige y elegirá su propia fe y su propia Iglesia. El Estado ucraniano está separado de la Iglesia, pero no puede permanecer pasivo frente al hecho de que otros estados y otros órganos estatales, usan las instituciones eclesiásticas dependientes de ellos para alcanzar sus propias finalidades geopolíticas».

La realidad es que parece poco probable que el patriarca del Constantinopla acceda a la petición de Poroshenko, pues ello reabriría el conflicto con el patriarcado de Moscú, con quien el patriarcado ecuménico ya tuvo un conflicto por la aplicación del canon 28 del concilio de Calcedonia, que concede al patriarcado ecuménico jurisdicción sobre iglesias que no esten bajo al paraguas de otros patriarcados:

“Como los Padres reconocieron a la sede de la Antigua Roma sus privilegios porque esta ciudad era la Ciudad Imperial, movidos por la misma consideración, los 150 obispos han otorgado las mismas prerrogativas al santo trono de la Nueva Roma, juzgando que la ciudad que es honrada por la autoridad imperial y el senado y que goza de los mismos privilegios civiles que la ciudad imperial de la Antigua Roma, debe ser también engrandecida en los asuntos eclesiásticos, siendo la segunda tras aquella. Por consiguiente, los metropolitanos –y sólo ellos- de las diócesis del Ponto, Asia y Tracia, así como los obispos de las diócesis antes mencionadas que están entre los bárbaros, serán ordenados por Constantinopla”.

Dicho canon no fue aprobado por el papa san León Magno y no fue incluido en las colecciones posteriores de cánones conciliares realizadas tanto por autores latinos como por canonistas orientales, pero tras el cisma de Oriente sirvió para reforzar la primacía y autoridad del patriarcado ecuménico sobre las iglesias nacionales ortodoxas no autocéfalas.

De hecho, dado que el canon concedía a Constantinopla una primacía basada en consideraciones políticas -ser capital imperial- no existentes en la actualidad, Moscú ha reivindicado desde hace tiempo su estatus como «tercera Roma»

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