El Papa invita a evitar el pecado desde la raíz

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El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus ha reflexionado sobre el Sermón de la Montaña e invitado a evitar el pecado desde la raíz, partiendo de tres aspectos o mandamientos que Jesús examina.

(InfoCatólica) El Papa Francisco durante el rezo del Ángelus ha reflexionado sobre el Sermón de la Montaña e invitado a evitar el pecado desde la raíz, partiendo de tres aspectos o mandamientos que Jesús examina.

El homicidio

Respecto al mandamiento de «no matar», el Papa recuerda que Jesús enseña que «es violado no sólo por el homicidio efectivo, sino también por aquellos comportamientos que ofenden la dignidad de la persona humana, incluidas las palabras injuriosas».

Aunque  «ciertamente, estas palabras injuriosas no tienen la misma gravedad y culpabilidad del asesinato, pero se ponen en la misma línea, porque son sus premisas y revelan la misma malevolencia», explica el Papa.

Nos recuerda también que «Jesús nos invita a no establecer una jerarquía de las ofensas, sino a considerarlas todas dañinas, en cuanto movidas por la intensión de hacer el mal al prójimo».

El adulterio

A este respecto el Papa recuerda que «Jesús va a la raíz del mal» y «Así como se llega al homicidio a través de las injurias, las ofensas y los insultos, del mismo modo se llega al adulterio a través de las intenciones de posesión con respecto a una mujer diversa de la propia esposa».

Explicó que «el adulterio, como el robo, la corrupción y todos los demás pecados, son concebidos primero en nuestro ámbito íntimo y, una vez realizada en el corazón la elección equivocada, se ponen en práctica en el comportamiento concreto». De allí que Jesús diga que «el que mira a una mujer que no es la propia con ánimo de posesión, es un adúltero en su corazón. Ha comenzado el camino del adulterio».

El juramento

Respecto al Juramento, el Papa reflexionó sobre la ordne de Jesús de no jurar, «en cuanto el juramento es signo de la inseguridad y de la falsedad con que se desarrollan las relaciones humanas». Por tanto, «se instrumentaliza la autoridad de Dios para dar garantía de nuestras vicisitudes humanas». De allí que más bien «estamos llamados a instaurar entre nosotros, en nuestras familias, en nuestras comunidades, un clima de transparencia y de confianza recíproca, de modo que podamos ser considerados sinceros sin recurrir a intervenciones superiores para ser creídos».

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