El desliz de Beatriz

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Beatriz Rosselló ha logrado lo que nadie en la historia reciente nuestra; sacar a la luz la enorme cantidad de expertos en literatura que tenemos. Por un lapsus de los que suceden a mucha gente en la vida, la pobre mujer ha tenido que recibir andanadas de insultos por personas, del disenso político, que dicen saber de literatura y, sobre todo, de Gabriel García Márquez y su novela Cien años de soledad. No sé si saben, el primer lapsus de esta historia lo cometió el mismo Gabo cuando se equivocó y, por no tener suficiente dinero, envió por correo a la editorial la segunda parte de la novela, quedándose con la primera.

En una época donde la diversidad del conocimiento y la cultura es cada vez mayor, y donde, irónicamente por otro lado, los estudiantes de literatura en las universidades de Puerto Rico son cada día menos por no decir ninguno, tener un conocimiento general ya no es lo mismo que antes. Hoy día las especializaciones son algo consustancial con las universidades y, por qué no, con la vida misma donde la complejidad ya es algo normal y cotidiano.

A Beatriz le pasó lo que le ha pasado a otras personas de la política y a mujeres que son figuras públicas. No olvidemos los chistes y burlas contra Maripily, como aquel que exigía un certificado de I.Q., cuando expresó sus deseos de aspirar a un puesto electivo. Recientemente a Sonya Cortés la atacaron de manera inmisericorde porque se le cayó un diente en plena transmisión televisiva. Sin embargo, su dignidad se mantuvo incólume y de manera valiente superó el mal rato.

Beatriz tiene la dualidad de ser mujer y figura pública; esto último por haberse casado con un líder político, y personas que dicen haber leído la famosa novela que catapultó a Gabo a la fama la han juzgado por confundir un autor con otro. En el mundo en que vivimos hay múltiples ejemplos de personas que se han equivocado y, lo mayor de todo, lo equivocado no era parte de su formación educativa ni especialidad académica.

En México, por ejemplo, donde la política corre por la sangre de los mexicanos a temperaturas ardientes, los ejemplos son elocuentes. Vicente Fox, cuya elección en 2000 rompió la hegemonía del PRI, al enterarse que Mario Vargas Llosa había sido seleccionado Premio Nobel de Literatura, escribió en Twitter: “Felicidades Mario, la hiciste! Ya son tres Borges, Paz y tú”. Fox se olvidó de dos cosas; Borges nunca fue seleccionado por la academia sueca y el otro Premio Nobel lo fue Gabriel García Márquez en 1982. Su esposa también tuvo sus tropiezos; confundiendo al escritor hindú, Rabindranath Tagore con una mujer: Rabina Gran Tagora.

Por otro lado, Josefina Vázquez Mota, candidata a la presidencia de México en 2012 por el PAN confundió La Región más transparente de Carlos Fuentes con “La ciudad más transparente”. Y su antecesor en la candidatura presidencial dentro de su partido, Felipe Calderón, atribuyó el poema “El Sur también existe”, del poeta uruguayo Mario Benedetti, al cantautor Ricardo Arjona. Y al otro lado de la frontera, en la campaña presidencial de 1996 en los Estados Unidos, el republicano Robert Dole confundió la ciudad de San Diego con Los Ángeles. Su compañero de papeleta, Jack Kemp, que estaba presente, tuvo que corregirlo.

El proselitismo político es antagónico al intelectual. Tal vez con excepción de los países europeos, y de casos contados en los Estados Unidos y Latinoamérica, la cultura literaria ni la cultura en general han sido colegas de los políticos. Sin duda alguna ayuda, pero no es decisivo en el éxito de un líder. Lázaro Cárdenas en México, que no pasó de la escuela primaria, es el mejor ejemplo. Por eso, lo que le pasó a Beatriz es evidencia de que la burla inmisericorde, con deleznables y mezquinos propósitos políticos, lamentablemente, ya tiene caracteres de subcultura en el macondondiano Puerto Rico contemporáneo.

 

Por Mario Ramos.

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