Casamiento y uniones maritales en menores de edad

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Pedro Mendoza

El Congreso ha estado debatiendo, dentro del Código Civil,  cuál debería ser la edad mínima  apropiada para la emancipación legal de un adolescente a través del casamiento. Pensé que los legisladores buscarían la asesoría de expertos en psicología y terapia familiar para la elaboración de las modificaciones que en ese ámbito se harían al Código. Pero, como dice el dicho: “Si el caballo sabe relinchar, para qué poner a otro que lo haga por él”.

El concepto central de la emancipación de los jóvenes del anillo de la familia nuclear, no radica exclusivamente en si lo sensato o ideal sería que el requisito en cuanto a la edad  para un adolescente contraer matrimonio sean los 15 ó 18 años cumplidos. Ojalá fuera esa la cuestión puntual, pero no lo es. Debe considerarse, que mientras más temprana sea la emancipación, mayor es el riesgo de que la unión marital fracase, puesto que el matrimonio no es lo que el adolescente frecuentemente cree, un acto de rebeldía o de aventura momentánea, que al día siguiente termina y luego a reír todos. Es bueno recordar que unirse en matrimonio o en simple concubinato es una decisión abstracta a pesar de que muchísima gente supone que “todo el mundo comprende o sabe lo que hace”.  Aunque el pensamiento abstracto se acelera a partir  de los 12 años, la verdad es que es bastante común que los adolescentes jueguen a ser adultos a partir de los 14 y 15 años, sobre todo las hembras. JUGAR  A SER ADULTO ES UNA COSA, PERO SERLO, ES OTRA MUY DISTINTA.

Otra cosa a considerar es que  la emancipación prematura, es decir, antes de lo establecido por algún mandato legal en una sociedad particular, es casi siempre el resultado de una crisis visible, latente o subterránea en la familia, y puesto que la familia es un sistema, cualquier conflicto entre los progenitores,  puede apurar  la emancipación de la hembra o el varón.

La emancipación en la sociedad dominicana no ocurre exactamente siguiendo una de las tres variantes que ocurren en países desarrollados: 1) el nido acogedor dejó de ser cálido, 2) dejar el nido vacío y 3) el vuelo al fracaso. Entre nosotros  tenemos otras dos variantes: “la recua sale de casa aunque se quede en el camino” y la “ayuda mutua”. Es muy difícil que los padres puedan evitar la emancipación por “vuelo al fracaso” tanto del varón como de la hembra antes de cumplir los dieciocho,  pero sí pueden retrasar, sobre todo en el caso de las hijas, a “que salga la recua aunque se quede en el camino” y la “ayuda mutua”, puesto que ambas variantes están estrechamente relacionadas con la pobreza y un estilo de crianza muy poco involucramiento.

Si en el hogar hay cinco hijos y entre ellos cuatro hembras entre los 12 y 16, con un padre que apenas tiene ingresos para comer, y supongamos que además hay conflictos maritales o el padre es bebedor, es probable que exista el deseo  en los padres de que las hembritas que tienen 14 y 16, se emancipen. En barrios y campos es frecuente escuchar a las madres decirle a su hija de 14 ó 15 años: “Hace rato que  tú tiene edad de tener marío”. Esas madres piensan que sería bueno tener  “dos bocas menos” que alimentar.

En el barrio pobre donde vive la familia, siempre existe un pulpero “buena gente” que fía la comida los días difíciles. Por eso, mamá no se opone a un amorío de su hija de 15 ó 16 años con el pulpero de 45. Es simple “ayuda mutua”.

Otros factores precipitantes de la emancipación anticipada, es un padre o padrastro que se hace el borracho para manosear o abusar a la hija/hijastra. También cuando los padres  no pueden llenar las llamadas “necesidades de vistilla” de sus hijas (ropa de marca y abundante, afeites realzadores del atractivo físico) y aparece un viejevo capaz de suplir esas “necesidades”.

Los terapeutas familiares somos partidarios de la emancipación legal o consensuada a partir de los dieciocho por razones de madurez de los órganos reproductores y madurez  emocional de las adolescentes, además de que vemos como tragedia que  una quinceañera se case con un  sociópata, un adolescente “cangrejo” o  con uno adicto a todo menos al trabajo.

Pedro Mendoza

Psicoterapeuta familiar

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