50 años de Historias: Maney y Victoria

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Un día como hoy hace 50 años mis padres, Maney y Victoria, decidieron unirse en matrimonio. Sí, que fácil se escribe ese número pero cuanta historia, cuanta vivencia encierra la cifra.

Estamos hablando de medio siglo, cinco décadas de proyectos comunes, de sueños cumplidos, ilusiones vividas, de desvelos, desilusiones, de encuentros y desencuentros, de aciertos y desaciertos.  De todo un poco en esa ensalada de múltiples ingredientes que componen una vida matrimonial en común.

Mis padres tienen una historia muy peculiar, pues nacieron en el mismo año, en el mismo barrio, y en la misma calle. En esa calle, crecieron, se enamoraron, se casaron y procrearon a mi hermano y a mí. Ambos se dedicaron a trabajar en el área textil, él como sastre y ella como costurera.

En esa misma calle, en ese mismo barrio tomaron la decisión de emigrar a la ciudad de New York, en la década de los 70 para buscar una forma de vida que le pudiera brindar mejores oportunidades económicas y así desarrollar su plan de vida.

Es difícil hablar de nuestros padres como parejas, pues regularmente lo vemos con los ojos de hijos y no podemos ser juez y parte. Sin embargo, he podido admirar entre ambos en estos 50 años de vida en común es su deseo de superación, el tener proyectos comunes y llevarlos a cabo.

La transparencia y la honestidad con la que ambos han manejado su relación aún en sus momentos de tormentas han estado presentes.  La elección de estar el uno con el otro viviendo sus luces y sus sombras. Cediendo sin dejar de ser.

La responsabilidad y la perseverancia han sido  valores de su relación que también nos transmitieron como padres y que tanto mi hermano como yo hemos tratado de asumir en los caminos de nuestras vidas.

Además de ser una historia sacrificada, como lo es la historia de la mayoría de las personas que por una razón u otra han tenido que dejar su país, es también una historia muy musical. Una pareja cuyas vivencias se han marcado por el ritmo y la armonía. No es exagerado decir que su crónica puede asentarse en un pentagrama. En todas sus etapas la serenata, el son, la salsa, el bolero han acompasado sus vidas. En la casa podía faltar cualquier cosa menos una canción, un baile, un elepé sonando  en el tocadiscos los cuales ayudaban a calmar cualquier tormenta emocional.

Hoy coronan sus días con 50 años de oro. Como metal precioso ha costado sacar el brillo dorado que representa estos tiempos compartidos. Desde aquí les deseo mucha salud sobretodo para que sigan con nosotros. Que ese amor pasional  transformado por estos 50 años en un amor de acompañamiento, de un amor de vida les siga manteniendo con la decisión de permanecer juntos haciendo futuro.
Bendecidos sean!

La autora es Abogada y docente universitaria.

Josefina Almánzar

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